Primeras negociaciones y la llegada de los ingleses
Para conseguir ayuda militar de Enrique IV de Inglaterra, Juan el Temerario prometió cederle algunas ciudades flamencas y su apoyo para conquistar Normandía. A su vez, los armagnacs contactaron al rey inglés, ofreciéndole la recuperación de las provincias perdidas desde 1369. En el consejo de Enrique IV prevalecieron los burgundios y se firmó un acuerdo en mayo de 1412. Cuando Juan el Temerario se enteró del pacto, los armagnacs lo denunciaron, pero ya era demasiado tarde: tropas inglesas desembarcaron cerca de Cherburgo, ocuparon Honfleur y cruzaron el oeste del reino sin oposición.
La revuelta parisina y la Ordenanza Cabochiana
En medio de la guerra civil entre armagnacs y burgundios, Juan el Temerario, para mantener su prestigio, puso en marcha las reformas prometidas. En enero de 1413 incitó a la muchedumbre parisina contra los armagnacs; tras masacrar, encarcelar y expulsar a sus rivales (episodio de los Carniceros), los alborotadores lograron la promulgación de una gran ordenanza, conocida como la Ordenanza Cabochiana, en honor a su líder, Caboche el carnicero. Sin embargo, la aristocracia parisina, temerosa de los desórdenes, acudió al delfín Luis de Guyenna y al duque de Borgoña, que, sintiéndose aislado, abandonó el juego. Los armagnacs regresaron, abolieron la ordenanza el 8 de septiembre de 1413 y permanecieron en París durante cinco años, pese a su impopularidad.
El rey Enrique V y la ofensiva en Normandía
En marzo de 1413 murió Enrique IV y le sucedió su hijo Enrique V, quien se presentó como apóstol de una “paz justa”, que incluía la restitución de los territorios ganados en el tratado de Brétigny y de los que habían sido arrebatados a Juan sin Tierra por Felipe Augusto. Los armagnacs, para evitar la alianza anglo‑burguesa, ofrecieron concesiones, pero rechazaron ceder Normandía. Enrique V consideró la provincia esencial y, el 14 de agosto de 1415, desembarcó en Chef‑de‑Caux. Armagnacs y burgueses se unieron contra la amenaza inglesa, aunque la reconciliación fue sólo aparente; Juan el Temerario dejó a los armagnacs luchando solos. La gran batalla de Agincourt (25 de octubre de 1415) terminó en una aplastante derrota francesa.
El Tratado de Troyes y la idea de una monarquía dual
Tras la derrota, la corte francesa buscó la mediación del rey de los romanos, Sigismundo, que se alineó con Enrique V. Juan el Temerario reconoció a Enrique V como el legítimo rey de Francia. Con este respaldo, Enrique V volvió a invadir en agosto de 1417 y emprendió una conquista sistemática de Normandía. El debilitado gobierno armagnaco, golpeado por Agincourt y la muerte del duque de Berry, cedió el control a los burgueses en julio de 1418. El futuro Carlos VII, entonces de 15 años, escapó al asesinato de sus partidarios y, tras la muerte de Juan el Temerario en Montereau (10 de septiembre de 1419), la posibilidad de una reconciliación se desvaneció.
El nuevo duque de Borgoña, Felipe el Bueno, se alió con el proyecto inglés de una monarquía dual y obligó a Carlos VI a firmar el Tratado de Troyes (21 de mayo de 1420). El tratado excluía al delfín de la sucesión y prometía la corona francesa a Enrique V, quien se casó con la hija de Carlos VI, Catalina. Tras la muerte de Carlos VI (21 de octubre de 1422) y de Enrique V (agosto de 1422), su hijo Enrique VI, de apenas unos meses, fue proclamado rey de Francia según el tratado, bajo la regencia del duque de Bedford.
Resistencia francesa y la Guerra de los Cien Años
El delfín, proclamado Carlos VII, mantuvo el control de gran parte del centro y sur de Francia, excepto Guyena. Enrique VI, bajo la regencia de Bedford, buscó revivir la alianza anglo‑burguesa, pero los conflictos internos entre Felipe el Bueno y el duque de Gloucester debilitaron la coalición. Carlos VII logró pactar treguas con Borgoña y, a finales de la década, la guerra se centró en la defensa contra los ingleses, con el asedio a Orleón (12 de octubre de 1428) como punto clave.
La intervención de Juana de Arco
En febrero de 1429, la situación en Orleón era crítica, pero la llegada de Juana de Arco cambió el rumbo. Tras reunirse con Carlos VII en Chinon (6 de marzo de 1429) y convencerlo de su misión divina, Juana lideró el levantamiento del asedio (8 de mayo de 1429) y una serie de victorias en Jargeau, Beaugency y Patay (18 de junio). El delfín fue coronado en Reims el 17 de julio, consolidando su legitimidad.
El declive del proyecto dual y la Paz de Arras
La captura y ejecución de Juana en 1431 por los borgoñones, y la coronación de Enrique VI en la catedral de Notre‑Dame (17 de diciembre de 1431), no lograron estabilizar el dominio inglés. La necesidad de una alianza burguesa llevó a Carlos VII a negociar. El 21 de septiembre de 1435 se firmó la Paz de Arras: Carlos VII reconoció los asesinatos de Juan el Temerario, cedió a Borgoña varios condados y señoríos, y eximió al duque de cualquier homenaje futuro, aunque quedaba la obligación de rendirlo al sucesor del rey. Este tratado puso fin a la ambición de una monarquía dual, demostrando que la unión de los reinos de Francia e Inglaterra era insostenible.