Dinastía Valentiniana (364‑392)
Desde el 364 d.C., el Imperio Romano Occidental estuvo bajo el gobierno de la dinastía Valentiniana, con su capital en Roma. Tras la muerte de Juliano, Valentiniano I fue proclamado emperador por el ejército romano y reinó aproximadamente 12 años. Su hijo, el joven Gratiano, le sucedió en 367 y gobernó hasta 383.
En 375, una facción del ejército proclamó a Valentiniano II, de apenas cinco años, como co‑emperador, dividiendo de nuevo el poder en el occidente. En 378, los visigodos, bajo presión, derrotaron a las legiones romanas en la batalla de Adrianópolis; la derrota permitió que saquearan Roma.
Gratian fue asesinado por sus propios soldados en 383 y le siguió Valentiniano II, que gobernó hasta su muerte en 392 a los 21 años, probablemente a manos de rebeldes.
Régimen legal e ilegal
Entre 379 y 392 d.C., el emperador del Oriente, Teodosio I, reconoció a Magnencio Máximo y a su hijo Víctor como co‑emperadores del occidente (383‑388), limitados a Italia y Galia. Así, el occidente contó simultáneamente con Valentiniano II y Magnencio Máximo, cada uno ejerciendo autoridad sobre distintas regiones. La distinción entre «emperador legal» (reconocido por el oriente) e «ilegal» (no reconocido) se repite a lo largo de la historia tardorromana.
Dinastía Teodosiana y la reconquista del occidente
En 392, Teodosio I derrotó a los godos y otras tribus bárbaras, reincorporando temporalmente al occidente bajo su control. Murió en 395, pero sus descendientes continuaron en el trono hasta 455: Honorio (395‑423) y Constantino III (409‑411).
Saques y destrucción
El 24 de agosto de 410, el rey visigodo Alarico I tomó Roma, convirtiendo la palabra «gótico» en sinónimo de barbarie y oscuridad en la imaginación romana.
En el siglo V, varios niños llegaron al trono: Constancio III (421), Joannes (423) y Valentiniano III (424‑455). Este último, que accedió al poder a los cinco años, reinó 31 años, convirtiéndose en el monarca de mayor duración del occidente, aunque su reinado marcó una creciente vulnerabilidad del imperio.
Invasiones vándalas, hunas y su impacto
Los vándalos, originarios del norte de Italia, cruzaron a África del Norte entre 429 y 435, arrebatando esas provincias a Roma y hostigando la península.
Los hunos, provenientes de la región de Mongolia, cruzaron el Danubio y exigieron tributos al imperio oriental. Entre 440 y 445 sus incursiones superaron la capacidad de respuesta de Valentiniano III. En 451, bajo Atila, los hunos amenazaron el occidente, pero una coalición romana‑gótica‑franca los derrotó.
Atila atacó Italia en 452, saqueó varias ciudades del norte y murió poco después. Sus sucesores se asentaron en Italia, asimilándose a la población local.
Asesinatos de emperadores y el ascenso de Risimero
En 455, Valentiniano III fue asesinado por sus guardias. Avito, elegido emperador, murió tras 75 días, poniendo fin a la dinastía teodosiana.
El general de origen germánico Flavio Risimero (también llamado Rísmero) emergió como la figura dominante. Como magister militum, manipuló la política imperial, apoyando y traicionando a los emperadores sucesivos.
En 456, Risimero conspiró con el general Majorian para depostar a Avito; Avito fue enviado a Piacenza y posteriormente asesinado.
Majorian, nombrado emperador en 456, intentó restablecer el control romano, pero Risimero lo capturó, lo humilló y lo ejecutó en 461.
Tras ello, Risimero instaló a Libius Severus como emperador títere (461‑465). En agosto de 465, Risimero envenenó a Libius y se convirtió en el poder de facto, acuñando monedas con su propio retrato sin proclamarse formalmente emperador.
En 467, nombró a Antemio como emperador, pero lo asesinó en 472, colocando a Olibrio en el trono. Olibrio murió seis meses después y Risimero también falleció poco después.
Últimos conflictos y la caída final
Tras la muerte de Olibrio, el senador Glicerio tomó el poder, pero el emperador oriental León I no lo reconoció y envió al general Julio Nepote, quien lo depuso y se autoproclamó emperador. Glicerio fue perdonado y nombrado obispo en Salona, donde murió.