Traslado de la capital
En el año 330 d.C., el emperador Constantino I trasladó la capital del Imperio romano de Roma a la antigua ciudad griega de Bizancio, rebautizándola como Constantinopla. La madre de Constantino, Helena, fundó una gran iglesia cerca del sepulcro de Jesús en Jerusalén, la capital de Palestina. En esa época el latín seguía siendo la lengua oficial del imperio, pero el griego era la lengua predominante en la parte oriental.
División del Imperio
Para administrar mejor sus vastos territorios, el imperio se dividió en dos mitades: el Imperio Romano de Occidente, con Roma como capital, y el Imperio Romano de Oriente, con Constantinopla. En 395 d.C. el co‑emperador de Oriente, Teodosio I, formalizó la separación, dejando a cada mitad su propio gobernante.
Co‑emperadores
Durante la división, cada mitad tenía su propio emperador, aunque en ocasiones los dos gobernantes cooperaban. La figura del «co‑emperador» surgió para mantener la unidad simbólica del imperio, aunque la realidad política era la de dos estados independientes.
Emperadores destacados
Juliano el Apóstata
Juliano, sucesor de Constantino, intentó restaurar el paganismo romano y abandonar el cristianismo. Su intento fracasó y, por ello, los cristianos lo apodaron “Juliano el Apóstata”.
Teodosio el Grande
Teodosio I (también llamado Teodosio el Grande) reforzó el cristianismo como religión oficial, destruyendo templos paganos y persiguiendo a los que no se alineaban con la ortodoxia cristiana.
Justinian I
En 527 d.C., Justiniano I se convirtió en emperador de Oriente. Conquistó el norte de África, partes de Italia y brevemente Sicilia. Su mayor legado es el Corpus Juris Civilis, conocido como el Código de Justiniano, que recopiló y sistematizó la legislación romana y sirvió de base al derecho europeo posterior.
El Código de Justiniano y la sociedad
El Código de Justiniano consolidó el derecho romano, otorgando amplios poderes al pater familias sobre la familia y los esclavos. A diferencia del Manusmriti indio, que preveía derechos más equilibrados, el derecho romano era unilateral y favorecía al patriarca y al propietario.
Crisis y decadencia
La lejanía de Constantinopla respecto a las provincias occidentales (Roma, Galia, Britania) dificultó la recaudación de impuestos y la defensa militar. En el siglo VIII, la dinastía de los Isáurios vivió intensas luchas internas. En 797 d.C., la emperadora Irene, madre del joven Constantino VI, se quedó viuda tras cegar a su propio hijo, convirtiéndose en la única mujer en gobernar el imperio. Este episodio es uno de los más dramáticos de la historia bizantina.
Aunque el Imperio Bizantino sobrevivió hasta 1453, su historia se resume aquí para destacar su origen, los emperadores más influyentes y su legado jurídico.