Introducción
Antes de que Alejandro Magno conquistara el mundo conocido, su padre Felipe II había sentado las bases de un Estado poderoso y una ejército temible. Este artículo repasa cómo el joven rey macedonio transformó a Macedonia y, a través de alianzas y guerras, unió a gran parte de Grecia bajo su hegemonía.
Ascenso al trono
Felipe II subió al trono en 359 a.C., con apenas 23 años, cuando Macedonia estaba amenazada por los ilirios y el país carecía de liderazgo tras la muerte del rey Perdiccas III. Con la ayuda de oro pagó a los trácios y entregó a los atenienses la estratégica ciudad de Amphipolis, lo que le valió el reconocimiento como rey en lugar del joven Amintas.
Reformas militares
Durante su adolescencia, Felipe fue rehén en Tebas, donde aprendió de Epaminondas, uno de los mejores estrategas de la época. De él tomó la idea de la falange macedonia, una formación de infantería pesada que superó incluso a la legión romana. Además, impulsó la artillería, invitando a los mejores mecánicos de Siracusa para crear catapultas y otros ingenios bélicos.
Expansión territorial
Con un ejército sólido, Felipe comenzó a ampliar su dominio. Capturó Amphipolis y otras ciudades bajo control ateniense, entregando algunas a la Confederación de Calcis, liderada por Olinto, para evitar que apoyaran a Atenas. Aprovechó la disputa ateniense‑tebanea por Eubea y tomó la región de Pangea y sus minas de oro. Con esa riqueza construyó una flota y aumentó la influencia macedonia en el comercio griego.
Guerras y alianzas
En 355‑346 a.C. estalló la “Guerra Sagrada” entre los filócitos y Tebas. Felipe, a petición de Tebas, defendió al Apolo ofendido y derrotó a los filócitos en Tesalia (352 a.C.), liberó Delfos y castigó a los culpables. Luego, tras la resistencia ateniense en el paso de las Termópilas, tomó la ciudad de Olinto tras un asedio de un año (348 a.C.) y destruyó la Confederación de Calcis.
El tratado de paz filocrático (346 a.C.) obligó a Atenas a retirar sus tropas de las Termópilas, otorgándole a Felipe influencia legal sobre los asuntos griegos y el control de los fortines fronterizos.
La batalla de Queronea
El 2 de agosto de 338 a.C. Felipe enfrentó a la coalición grecorromana en la batalla de Queronea. Con una táctica de retirada estratégica y una carga de falanges, obtuvo una victoria decisiva. Alejandro, entonces príncipe, participó por primera vez. Tras la derrota, los griegos, especialmente los atenienses, aceptaron una alianza con Macedonia y reconocieron a Felipe como hegemon.
Consolidación helénica
En 337 a.C. Felipe convocó un congreso panhelénico en Corinto, formando la Liga de los Pólis (excluyendo a Esparta) y proclamándose líder de Grecia. Declaró la “Paz Sagrada”, prohibiendo interferencias entre ciudades‑estado, y preparó una campaña contra el Imperio persa, nombrándose estratega supremo.
Legado y muerte
Felipe II nunca llegó a liderar la guerra contra Persia; fue asesinado en 336 a.C. Su hijo Alejandro heredó un reino unido, un ejército disciplinado y una visión política que le permitió lanzar la conquista macedónica del mundo antiguo. Mientras Felipe fue el genio de la diplomacia y la organización, Alejandro se convirtió en el dios de la guerra.
Fuente: Enciclopedia.