Malta, una joya mediterránea poco conocida, alberga más de 7 000 años de historia que se reflejan en sus monumentos, arte y tradiciones. Fenicios, cartagineses, romanos, árabes y sicilianos dejaron su huella, convirtiendo a la isla en un crisol cultural único.
Tras la dominación británica, Malta obtuvo su independencia en 1964 y se incorporó a la Unión Europea en 2004. Su posición entre Europa y África ha enriquecido su lengua, su música y sus fortificaciones.
Los primeros tiempos
El periodo neolítico representa la edad de oro de la arquitectura megalítica maltesa. Se erigieron templos dedicados a diosas de la fertilidad, cuya solemnidad se conserva hasta hoy.
Cuando los sicilianos se asentaron, fundaron el pueblo de Żebbuġ, donde se encuentran los templos de la zona de Ħal Saflieni, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
En Malta y Gozo existen alrededor de 50 templos de piedra. Su diseño básico incluye un corredor central y varias cámaras elípticas; los techos se construían con arcilla, ramas o vigas.
Se cree que la isla estuvo conectada a Sicilia por un amplio puente terrestre que desapareció al subir el nivel del mar tras el derretimiento de los glaciares, dejando a Malta, Gozo y Comino como islas independientes.
Los templos de Ggantija en Gozo, datados entre 3600 y 3200 a.C., son los más antiguos y su nombre proviene del maltés «ggantija», que significa «gigante». Sus enormes bloques de piedra forman corredores y salas interiores.
El Hipogeo de Ħal Saflieni, en Paola, es un templo subterráneo de tres niveles que llega a 10 m de profundidad. En él se hallaron cerámica, joyas, huesos humanos y otros objetos de gran valor arqueológico; el acceso está limitado a visitas guiadas.
Los conjuntos de templos de Ħagar Qim, Mnajdra y Tarxien consolidan la reputación de Malta como una "tierra sagrada". Ħagar Qim ofrece vistas al islote de Filfla y alberga columnas decoradas y estatuas de mujeres corpulentas. Mnajdra, situada sobre acantilados, incluye un templo inferior con alineaciones astronómicas. Tarxien, el mayor complejo megalítico, destaca por sus intrincados relieves en espiral y su probable uso para sacrificios animales.
Hoy, todos los templos megalíticos están protegidos por cubiertas que contribuyen a su preservación espiritual y física.
Edad del Bronce
Entre 2500 y 1500 a.C. la isla experimentó periodos de despoblamiento. Durante esta fase se construyeron estructuras menos monumentales y se adoptó la cremación como rito funerario. El motivo del fin de la época de los templos sigue sin estar claro, aunque se barajan teorías ambientales y sociales.
Los templos de Borġ in‑Nadur, en la zona de St. George’s Bay (Birżebbuġa), son los primeros ejemplos de asentamientos fortificados de la Edad del Bronce. Cerca se halla el sitio prehistórico de Għar Dalam, que muestra la transición entre ambas épocas.

Los silos costeros, una vez quince, fueron en su mayor parte destruidos por la construcción de carreteras modernas.
Periodo fenicio
Desde alrededor del 700 a.C. hasta el 218 a.C., los fenicios, originarios del actual Líbano, controlaron Malta. La denominación «Malta» proviene del fenicio y significa «puerto». Carthago, en la actual Túnez, fue la potencia dominante de la cultura fenicia‑púnica en la isla.

Los fenicios dejaron cerámica, ánforas, vasos de vino, mobiliario de madera y joyería de bronce y plata. La mezcla fenicio‑púnica se refleja en la arquitectura y en el desarrollo de la lengua maltés, que conserva rasgos semíticos.
Periodo romano
En 218 a.C. los romanos conquistaron Malta, rebautizándola como Melite. La capital administrativa fue Mdina y el catolicismo se instauró como religión oficial. La famosa naufragio del apóstol San Pablo, alrededor del 60 d.C., marcó la introducción del cristianismo.

Durante la dominación romana se construyeron villas lujosas con mosaicos, grandes cisternas y explotaciones de aceite. Aunque Malta permanecía vinculada a Sicilia, su infraestructura floreció.
Periodo bizantino y árabe
Tras la caída del Imperio Romano, la isla pasó a manos bizantinas y, posteriormente, a los árabes del norte de África. Los bizantinos dejaron algunas fortificaciones, mientras que los árabes introdujeron técnicas de riego, cítricos y algodón, y enriquecieron la lengua maltés.
Durante la época islámica surgió la congregación local llamada "gemgħa".
Dominio normando‑siciliano
En 1091 los normandos incorporaron Malta al Reino de Sicilia, iniciando una etapa de 440 años bajo influencia latina y católica. A lo largo de los siglos, la isla también estuvo bajo dominio de los Anjou, la Casa de Saboya y la monarquía española.

Más tarde, Malta fue ocupada brevemente por el Imperio Otomano y, a finales del siglo XVIII, por Napoleón Bonaparte, cuyo gobierno introdujo reformas modernas.
Dominio británico
En 1802, tras el Tratado de Amiens, Malta pasó al control británico. La posición estratégica de la isla la convirtió en una base naval crucial durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.

El dominio británico impulsó la economía, la creación de bancos y la modernización administrativa. Malta obtuvo su independencia en 1964 y se declaró república en 1974. El inglés y el maltés son oficiales desde 1934; la influencia británica persiste en la arquitectura, el tráfico y la gastronomía.
Conclusión
La mezcla de influencias fenicias, romanas, árabes y británicas ha convertido a Malta, Gozo y Comino en un tesoro histórico. Sus calles empedradas, los templos megalíticos, la ciudad fortificada de Mdina, la vibrante Valletta y las 359 iglesias testimonian una herencia única.
La lengua maltés, con raíces semíticas y escritura latina, y la música y la cocina locales reflejan la riqueza cultural de la isla. En más de 7 000 años de historia, Malta sigue siendo una joya europea que invita a explorar su pasado y su encanto atemporal.