El colonialismo impuesto a los pueblos indígenas en Canadá ha dejado una huella profunda: intentos sistemáticos de borrar su cultura, su historia y, en los últimos años, un alarmante aumento de desapariciones. La desaparición de mujeres indígenas no es un hecho aislado; es parte de un patrón de violencia que persiste a pesar de siglos de destrucción.
Colonialismo: daño a los pueblos indígenas
La marginación de los pueblos originarios se remonta al inicio de la colonización en Canadá. La resistencia indígena provocó respuestas violentas y deshumanizadoras por parte de los colonizadores, que los describían con términos peyorativos como "squaws", insinuando que las mujeres indígenas eran sucias, incivilizadas y sexualmente accesibles. Esta imagen sirvió para justificar agresiones sexuales sin consentimiento y para eludir la responsabilidad de los agresores.
"Squaws" – sucias, groseras, incivilizadas y sexualmente abusivas.
El racismo y el sexismo combinados han generado una violencia estructural que continúa afectando a los indígenas en la actualidad.
Después del comercio de pieles: 1850‑1950
After the Fur Trade: First Nations Women in Canadian History, 1850‑1950, de Janice Forsyth, profesora de sociología en la Universidad de Western, destaca tres temas centrales: la sexualidad femenina, el impacto de la colonización en las mujeres de las Primeras Naciones y las experiencias en escuelas residenciales.
Sexualidad femenina indígena
Para que las mujeres blancas sobrevivieran en la sociedad colonial, era necesario destruir la imagen de la mujer indígena. Así surgió la figura de la "squaw" sucia e inmoral, utilizada para crear pánico moral y justificar la exclusión de las mujeres indígenas de los pueblos blancos.
El uso del estereotipo de la "squaw" servía para generar pánico moral y mantener a las mujeres indígenas en reservas y, preferiblemente, en sus hogares. (Forsyth, 2005)
Esta hipersexualización se empleó como herramienta de control: al presentar a las mujeres indígenas como promiscuas, las autoridades limitaban su movilidad y justificaban su exclusión de los centros urbanos.
El objetivo era impedir que las mujeres indígenas ingresaran a pueblos y ciudades, y “contaminar” la moral blanca mediante la prostitución. (Carter 1998, 187)
Además de la violencia sexual, muchas mujeres enfrentaron pobreza, enfermedad y aislamiento, lo que reforzó su estigmatización.
La Iglesia también jugó un papel crucial, intentando “domar” a las mujeres indígenas y forzarlas a adoptar valores patriarcales, relegándolas al ámbito doméstico y negándoles su libertad sexual.
Estas imágenes negativas permitieron a la iglesia y al Estado intervenir en la vida personal de las mujeres indígenas y reorganizarla bajo un modelo patriarcal. (Barman)
Consecuencias de la colonización
Los conceptos europeos de agencia femenina difieren radicalmente de los valores indígenas. Los colonizadores describían a las mujeres originarias como "víctimas" de un estilo de vida salvaje, sin poder ni autoridad en sus comunidades, ignorando la realidad de sus sistemas de trabajo y control sobre la sexualidad.
Escuelas residenciales
A finales del siglo XIX, el Estado canadiense implementó un sistema de escuelas residenciales con el objetivo de asimilar a los niños indígenas. En 1884, una enmienda obligó a que todos los menores de 16 años fueran internados, separándolos de sus familias y de sus roles tradicionales como cuidadores.
Estos centros se convirtieron en escenarios de abuso físico, psicológico y sexual. Un informe de la enfermera Ramage en la escuela Crowfoot describió cómo niñas eran golpeadas por portar su lengua materna, y cómo se les infligían castigos brutales por hablar con los más pequeños.
"Una niña fue encontrada con múltiples marcas en la pierna inferior; cinco niñas estaban encadenadas. El castigo se debió a que hablaban su lengua nativa con niños que aún no dominaban el inglés." (Robertson, 2018)
Las niñas también fueron obligadas a realizar tareas domésticas, se les negaba la educación y, en algunos casos, se practicaron pruebas de virginidad, reforzando la idea de que su valor dependía de su pureza.
"Se insertó un instrumento en la vagina de las niñas para comprobar la integridad del himen; si fallaban, eran golpeadas y avergonzadas por toda la escuela." (Robertson, 2018)
La última escuela residencial cerró en 1996, pero el trauma generacional sigue presente.
Una epidemia en aumento
La combinación de racismo, misoginia y los legados coloniales expone a los pueblos indígenas a una violencia de género desproporcionada. La desaparición de mujeres y niñas indígenas constituye una de las mayores crisis de derechos humanos en Canadá.
Demografía
Los datos oficiales subestiman la magnitud del problema debido a la falta de registro étnico y a la subnotificación de casos. Organizaciones indígenas estiman que más de 4 000 mujeres y niñas han desaparecido o sido asesinadas.
- El 55 % de los casos involucran a mujeres menores de 31 años; el 17 % son adolescentes de 18 años o menos.
- Solo el 53 % de los homicidios contra mujeres indígenas han generado cargos de asesinato, frente al 84 % de la tasa nacional.
- Las mujeres indígenas tienen tres veces más probabilidades de ser asesinadas por desconocidos que las no indígenas.
Sin una base de datos fiable, la violencia continúa invisibilizada.
Violencia contra mujeres indígenas: casos de Helen Betty Osborne y Felicia Solomon
Los asesinatos de Helen Betty Osborne y Felicia Solomon, primas, ilustran el sufrimiento de las familias indígenas.
Helen Betty Osborne
Nacida en Norway, Manitoba, Osborne tenía 19 años y aspiraba a ser maestra. Fue secuestrada y asesinada el 13 de noviembre de 1971; su cuerpo fue hallado en Clear Water Lake.
Cuatro hombres fueron acusados en 1987; solo Dwayne Archie Johnston fue condenado. La Comisión de Justicia Aborigen determinó que el racismo, el sexismo y la indiferencia fueron los factores clave.
"Helen Betty Osborne no habría sido asesinada si no fuera por el color de su piel." (Robinson)
Felicia Solomon
Felicia Velvet Solomon, de 16 años, desapareció el 25 de marzo de 2003 en Winnipeg; partes de su cuerpo fueron encontradas en el Río Rojo en junio del mismo año. La policía emitió su primer comunicado seis semanas después del reporte, con datos erróneos.
"La familia informó que Felicia había notado un vehículo que la seguía al ir a la escuela." (Mak, 2019)
El asesino aún no ha sido identificado, al igual que el caso de su prima Claudette Priscilla June Osborne, desaparecida en 2008.
Propuestas de solución
Para frenar la violencia contra mujeres y niñas indígenas, se requiere una respuesta federal colaborativa con los pueblos originarios. Según Amnistía Internacional Canadá:
Una investigación pública nacional sobre desapariciones y asesinatos indígenas, que exponga la naturaleza de la violencia y responsabilice a gobiernos y policías.
Un plan de acción nacional contra la violencia de género que aborde sus causas estructurales y ofrezca medidas culturalmente apropiadas.
Recolección regular y exhaustiva de datos sobre violencia contra indígenas en las estadísticas oficiales.
Los pueblos indígenas no deben seguir pagando el precio de siglos de colonialismo, misoginia y racismo. Sus voces deben ser escuchadas y sus demandas, implementadas.
Referencias
Brant, J. (2017). Missing and killed indigenous peoples and girls in Canada. The Canadian Encyclopedia.
CBC. (s.f.). Felicia Velvet Solomon. CBC News.
CBC. (s.f.). Claudette Priscilla June Osborne.
Forsyth, J. (2005). After the fur trade: First Nations Women in Canadian History, 1850‑1950. Atlantis, 29(2), 69‑78.
Malone, K. (2016). The 45th anniversary of the murder of Helen Betty Osborne. CBC.
Native Women’s Association of Canada. (2019). Fact Sheet – Missing and Murdered Aboriginal Women and Girls.
Robertson, K. (2018). Indigenous women’s experiences with the Canadian residential school system. Journal of Multidisciplinary Research at Trent, 1(1), 45‑54.
Amnesty International Canada. (2018). Solutions.