La Era de los Descubrimientos no solo transformó la historia mundial, sino que también sentó las bases de los contactos entre Japón y las potencias occidentales en los siglos XVIII y XIX. Entender este periodo permite comprender fenómenos como el Sonno‑jōi del dominio de Mito y, en última instancia, la Restauración Meiji.
La Era de los Descubrimientos: la expansión europea
Factores que la desencadenaron
- Fin del siglo XIII: Consolidación del Imperio Otomano en Anatolia.
- Siglo XIV (≈1346): Brote de la peste negra en Europa.
- Siglo XVI: Reforma religiosa que fragmentó la Iglesia católica.
La peste negra y sus consecuencias
El desarrollo de la agricultura antes del siglo XIII aumentó la población y la densidad de los asentamientos, generando problemas de higiene y acumulación de desechos. Además, el enfriamiento global que comenzó en el siglo XIV provocó malas cosechas y desnutrición. La combinación de estos factores favoreció la propagación de la enfermedad transmitida por pulgas de ratas a bordo de los barcos mercantes.
Se estima que la población europea se redujo a una cuarta parte; el norte de Italia, epicentro de la epidemia, quedó prácticamente despoblado.
¿Influyó la peste en la búsqueda de nuevas rutas?
En la época se creía que el “miasma” (aire contaminado) causaba enfermedades. Los llamados “doctores de la peste” usaban trajes protectores y recetaban especias, consideradas remedios y conservantes. La escasez de especias en Europa –principalmente controlada por el Imperio Otomano a través del Oriente Medio y los comerciantes italianos– encareció su precio y motivó a las potencias europeas a buscar rutas marítimas directas hacia el sudeste asiático.
Reforma religiosa y expansión marítima
La crisis demográfica y la pérdida de credibilidad de la Iglesia, agravada por el fracaso de las Cruzadas, favorecieron la aparición de movimientos protestantes en el siglo XVI. La fragmentación religiosa impulsó a países como los Países Bajos a buscar su independencia económica y política, fomentando la navegación y el comercio exterior.
Poderes marítimos en la Era de los Descubrimientos
Los reinos con costas atlánticas tenían ventaja para evitar el control otomano del Mediterráneo. Portugal y España, ambos fervientes católicos, lideraron las primeras expediciones. Portugal alcanzó el sudeste asiático y estableció el comercio de especias; España descubrió América, lo que transformó la alimentación y la economía europea.
Tras la unión dinástica de 1580, España y Portugal compartieron trono, pero a mediados del siglo XVII el auge pasó a Inglaterra y los Países Bajos, que financiaron la Revolución Industrial mediante el comercio triangular.
Los Países Bajos: independencia y declive español
Situados entre el Mar del Norte y el mar Báltico, los Países Bajos eran una potencia comercial dominada por la burguesía. La imposición de altos impuestos y la persecución religiosa por parte de la monarquía española desencadenó la Guerra de los Ochenta Años (1568‑1648), que culminó con la independencia neerlandesa.
La nueva república aprovechó la abundancia de madera báltica para construir barcos baratos y accedió al Atlántico, convirtiéndose en el centro del comercio internacional mientras España se vio inmersa en guerras contra los moriscos, el Imperio Otomano, Inglaterra y Francia, lo que agotó sus recursos.
En resumen, la combinación de la peste, la reforma religiosa y la competencia entre potencias marítimas creó las condiciones necesarias para la Era de los Descubrimientos, cuyas repercusiones se sintieron en todo el mundo, incluso en el Japón feudal.