La medicina antigua sentó las bases de los avances que hoy conocemos. Los profesionales actuales deben gran parte de sus conocimientos a los descubrimientos de sus predecesores.
En la antigüedad, los dioses jugaban un papel central en la curación: se recurría a sacrificios, varitas de adivinación y amuletos.
Con el tiempo, la práctica médica evolucionó y los curanderos pudieron intervenir donde los dioses no podían.
Medicina en Mesopotamia
Gula, diosa de la salud, y su hijo Ninazu, asociado a las serpientes y al inframundo, eran considerados protectores de los enfermos. Ninazu portaba una vara con dos serpientes entrelazadas, símbolo de regeneración.
Los dioses y la medicina
Se creía que los dioses actuaban a través de los médicos. La enfermedad se interpretaba como castigo por un pecado; el tratamiento debía expulsar a los demonios enviados como sanción.
Tipos de curanderos
Existían dos categorías principales:
- Asu: médicos que trataban lesiones e infecciones, vinculados al templo de Gula y centrados en la historia clínica del paciente.
- Asipu: curanderos que utilizaban la magia y los exorcismos, identificando el delito contra los dioses que originaba la enfermedad.
Dentro de los Asipu había subtipos: los New, que practicaban la hepatoscopia y hacían pronósticos, y los Asipu propiamente dichos, que además de curar, exorcizaban.
Cirujanos y veterinarios podían pertenecer a cualquiera de los dos grupos y también ejercían la odontología. Las parteras (sabutu) se encargaban del parto.
Ejercicio profesional
Los médicos atendían en templos y realizaban visitas a domicilio. En la ciudad de Isin se encontraba el centro de culto a Gula, donde los curanderos se reunían. Los reyes contaban con sus propios médicos.
Tanto hombres como mujeres ejercían la profesión; antes del Imperio acadio, las mujeres tenían un papel destacado en la medicina.
Tratamientos y prescripciones
El acceso a la atención no dependía del estatus social; el pago variaba según la posición: los nobles pagaban en oro, mientras que la gente común ofrecía vasijas de barro.
Los remedios se preparaban combinando materiales por razones religiosas y mediante ensayo‑error. El cuidado de heridas seguía tres pasos: lavado, aplicación de vendaje y atado.
Las recetas incluían oraciones e invocaciones para alejar a los demonios.
Áreas de intervención
Los médicos trataban problemas gastrointestinales, infecciones urinarias, afecciones cutáneas, cardiopatías y trastornos mentales. La cirugía era arriesgada y limitada por tabúes religiosos.
Medicina en el Antiguo Egipto
Los egipcios desarrollaron técnicas quirúrgicas avanzadas y comprendieron la importancia de la higiene. Tanto hombres como mujeres se especializaban en diferentes ramas.
Al igual que en Mesopotamia, atribuían las enfermedades a causas sobrenaturales: pecados o ataques demoníacos.
Utilizaban amuletos, perfumes, tatuajes y estatuas para proteger al enfermo. Los textos médicos estaban escritos en papiros y combinaban magia simpática con prácticas empíricas.
Perk‑Ankh
El “Perk‑Ankh” (“Casa de la Vida”) era una biblioteca‑escuela vinculada a un templo, donde los sacerdotes‑médicos estudiaban y conservaban conocimientos curativos.
Profesiones médicas
Los médicos debían ser personas puras y alfabetizadas. Existían especialistas generales (swnu) y magos (or). Asistentes como masajistas, enfermeras y acompañantes colaboraban en la atención.
Las parteras y las nodrizas (wet nurses) eran esenciales en el parto y la crianza.
Hallazgos y teoría de los canales
Reconocían la importancia de la dieta, la higiene personal y evitaban alimentos considerados impuros. Creían que los canales del cuerpo eran vías de salud; su obstrucción requería laxantes.
Cirugía
Los instrumentos quirúrgicos egipcios son similares a los actuales. Sabían suturar, usar vendajes con productos vegetales y, aunque carecían de anestésicos, realizaban amputaciones y cirugías cerebrales exitosas, como lo demuestran las momias.
Medicina en la Antigua Grecia
En Grecia la enfermedad también se veía como castigo divino y la curación como un don de Asclepio. El ejército y los Juegos Olímpicos impulsaron la necesidad de tratar heridas y mantener la salud.
Teoría de los humores
Los médicos griegos identificaron cuatro humores, cada uno asociado a una estación, órgano, temperamento y elemento:
- Bilioso negro – frío, bazo, melancolía, tierra seca.
- Bilioso amarillo – frío y húmedo, pulmones, flemático, agua.
- Flemático – cálido y húmedo, cabeza, sanguíneo, aire.
- Sanguíneo – cálido y seco, vesícula biliar, colérico, fuego.
El equilibrio de los humores garantizaba la salud; el exceso o déficit provocaba enfermedad.
Formación y práctica
No existían títulos oficiales; cualquiera podía ejercer la medicina. Se combinaba la magia con la búsqueda de causas naturales. Cuando los tratamientos fallaban, se recurría a los templos de Asclepio, donde los pacientes recibían sueños curativos de las hijas de Asclepio.
Soldados heridos y cirugía
Los conflictos bélicos fueron una escuela práctica para los médicos. Aprendieron a extraer proyectiles, detener hemorragias y usar opio como anestésico, aunque escaso. Las heridas se cerraban con lino, huevos o miel.
Conocimientos anatómicos
La disección de animales y, en ocasiones, de cadáveres humanos en Alejandría permitió descubrir que el cerebro dirige los movimientos y que la sangre circula por las venas.
Medicina en el Imperio Bizantino
En Bizancio, la medicina estaba vinculada a la Iglesia. Los monasterios y hospitales cristianos ofrecían atención gratuita; los pacientes pasaban la noche en el templo y recibían la visita de santos como Cosma y Damián, que indicaban el tratamiento.
Los médicos eran respetados pero supervisados; cada uno atendía a unas 300 personas. El modelo hospitalario bizantino es la raíz de los hospitales modernos.
Prácticas y creencias
La “anarquía” (sin pago) permitía que cualquiera recibiera cuidados. Sin embargo, la medicina popular, basada en hierbas y conjuros, a menudo chocaba con la doctrina eclesiástica.
Conclusión
Las similitudes entre las prácticas médicas antiguas y la actualidad demuestran que el esfuerzo de nuestros antepasados es la base de la medicina moderna. Como decía Benjamin Franklin: “Acostarse temprano y levantarse temprano hace a un hombre sano, próspero y sabio”.