Historia antigua

Evolución territorial de la antigua Roma

Evolución territorial de la antigua Roma

República romana (aprox. 500 a.C.)

Según la tradición, los pueblos itálicos se establecieron en la península alrededor del siglo VIII a.C. y fueron derrotados por los latinos, quienes fundaron la República de Roma en el siglo VI a.C. En esa época también llegaron a la península griegos y sabinos, lo que dio lugar a una gran diversidad cultural.

Alrededor del 500 a.C. la población griega era numerosa y el territorio era mayormente montañoso, lo que favoreció la aparición de numerosas ciudades‑estado. Roma era una de ellas, bajo la influencia de la aristocracia y de la cultura griega.

Roma en el 298 a.C.

Durante una serie de guerras, los hoplitas latinos y etruscos fueron superados por la expansión romana. En esa fase Roma comenzó a someter a ciudades latinas, etruscas y griegas, estableciendo alianzas que otorgaban distintos derechos y obligaciones, e incluso la cidadanía parcial a algunos habitantes conquistados. Esta estrategia de "divide y vencerás" impedía la unidad de los pueblos subyugados y facilitaba la expansión territorial.

Comienzo de la Primera Guerra Púnica (264 a.C.)

Tras controlar toda la península itálica, Roma entró en conflicto con Cartago, potencia fenicia que dominaba el Mediterráneo occidental. Este enfrentamiento se conoce como la Guerra Púnica.

Final de las Guerras Púnicas (146 a.C.)

Roma salió victoriosa; Cartago fue destruida y Roma incorporó territorios en el norte de África. La llegada de granos baratos al territorio italiano provocó, sin embargo, la devastación de la agricultura local y la concentración de tierras en manos de grandes latifundistas y esclavos. La población proletaria accedió a alimentos más económicos, mientras la élite se enriquecía con la explotación de los campos.

  • Los campesinos obtenían granos más baratos.
  • Los terratenientes ampliaban sus latifundios, empleando esclavos y prisioneros de guerra.
  • Los caballeros que recaudaban impuestos en las provincias se beneficiaban del aumento de estas.

El crecimiento de la brecha entre ricos y pobres erosionó la igualdad ciudadana que había caracterizado a la República.

Territorio adquirido hasta el Primer Triunvirato (60 a.C.)

La República, concebida como una ciudad‑estado, resultaba inadecuada para gobernar un territorio tan extenso. Las tensiones internas culminaron en la llamada Guerra civil del siglo I a.C.. Para restaurar el orden, Cneo Pompeyo, Julio César y Marco Licinio Craso formaron el Primer Triunvirato en 60 a.C., una alianza política que buscaba controlar el poder.

Territorio adquirido hasta el Segundo Triunvirato (43 a.C.)

Julio César destacó entre los tres, conquistando la Galia y convirtiéndose en dictador. Tras su asesinato en 44 a.C., la inestabilidad volvió a reinar. En 43 a.C., Marco Antonio y Octaviano (más tarde Augusto) formaron el Segundo Triunvirato para vengar a César y reorganizar el imperio.

Territorio adquirido hasta la era de Augusto (14 d.C.)

Octaviano derrotó a Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Accio (31 a.C.). Egipto pasó a ser una provincia romana y la lucha por el poder llegó a su fin. En 27 a.C., el Senado otorgó a Octaviano el título de Augusto, iniciando el Imperio romano. Los siguientes catorce años marcaron el final de la era republicana y el comienzo de una administración centralizada.

Territorio adquirido hasta el fin de los Cinco Buenos Emperadores (aprox. 199 d.C.)

Durante los dos siglos siguientes, bajo la Pax Romana, el imperio gozó de estabilidad y prosperidad, ampliando sus fronteras y consolidando su dominio en el Mediterráneo.

Máxima extensión del imperio (época de Trajano)

El emperador Trajano (98‑117 d.C.) llevó al imperio a su mayor extensión territorial, alcanzando los límites más al norte, este y sur que jamás habría conocido Roma.

El imperio después de su apogeo

Con Marco Aurelio (161‑180 d.C.), último de los Cinco Buenos Emperadores, el imperio comenzó a sufrir crisis financieras y estancamiento económico. En el siglo III, las provincias se volvieron cada vez más autónomas, surgiendo emperadores locales.

El aumento de los impuestos para financiar el ejército provocó migraciones masivas y descontento social. A partir del siglo III, las invasiones de los hunos, germanos (godos, vándalos, suevos) y el imperio sasánida del Este aceleraron la fragmentación del territorio.

En 395 d.C. el imperio se dividió formalmente en el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Bizantino. El occidente, con capital en Roma, cayó en 476 d.C. tras la toma de Odoacro, mientras el Oriente continuó bajo el nombre de Bizancio, conservando gran parte de la cultura romana.

Así, la evolución territorial de Roma pasó de una pequeña ciudad‑estado a un vasto imperio que, pese a su colapso, dejó una huella indeleble en la historia mundial.