Transformación de la Grecia clásica
Tras la victoria contra Persia, Atenas y Esparta se convirtieron en los polos de dos bloques rivales. Atenas encabezó la Liga de Delos, una alianza naval que difundía la democracia, mientras que Esparta lideró la Liga del Peloponeso, una coalición aristocrática centrada en el poder terrestre.
Este enfrentamiento marcó la ruptura de la unidad griega que había existido contra los persas y abrió la puerta a una guerra de casi treinta años.
La Guerra del Peloponeso (431‑404 a.C.)
¿De qué se trató?
Más que un simple conflicto entre Atenas y Esparta, la guerra involucró a todas las polis que apoyaban a cada bloque. La expansión de la democracia ateniense alarmó a las ciudades aristocráticas, que temían perder su autonomía.
Antes del estallido, se produjeron escaramuzas menores, como la disputa entre Corinto y Corfú por la colonia de Epidamnos, que desembocó en la Batalla de Sybota (433 a.C.) y presagió el conflicto mayor.
El papel de Persia
El Imperio aqueménida, debilitado pero aún interesado en dividir a los griegos, apoyó financieramente a Esparta. Esta ayuda permitió a la Liga del Peloponeso obtener recursos y, finalmente, derrotar a Atenas en 404 a.C.
Consecuencias del conflicto
Durante la guerra
El prolongado enfrentamiento provocó la pérdida de tierras y la reducción del estatus de ciudadanía para muchos griegos, que terminaron sirviendo como mercenarios a sueldo.
Después de la guerra
La hegemonía ateniense quedó devastada, mientras Esparta recuperó brevemente su preeminencia. Sin embargo, la constante inestabilidad debilitó a toda Grecia, preparando el terreno para la expansión macedonia.
La era helenística
¿Qué es la época helenística?
Se define como el periodo en que la cultura griega se mezcló con las tradiciones del Oriente antiguo, dando lugar a una civilización sincrética que perduró hasta la conquista romana.
El ascenso de Macedonia
En el siglo IV a.C., bajo el reinado de Filipo II de Macedonia, el poder militar macedonio se consolidó. En 338 a.C. derrotó a la coalición de Tebas y Atenas en la batalla de Queronea, estableciendo el dominio macedonio sobre gran parte de Grecia.
Su hijo, Alejandro Magno, continuó la expansión y, a partir de 334 a.C., emprendió la conquista del Imperio persa, derrotando al rey Darío III y creando un vasto imperio que abarcó Egipto, Siria, Persia, la India y partes de Asia Central.
Los diádocos y la fragmentación del imperio
Tras la muerte de Alejandro sin herederos claros, sus generales (los diádocos) se repartieron el territorio, fundando reinos que perpetuaron la cultura helenística:
- Dinastía antigonida en Macedonia
- Imperio seléucida en Siria y Persia
- Reino atálida en Pérgamo
- Greco-bactriano
- Reino greco-indio
- Dinastía ptolemaica en Egipto
Estos estados mantuvieron la cultura helenística durante aproximadamente tres siglos, hasta que el último vestigio, el Reino ptolemaico, fue anexionado por Roma.
Legado cultural
La expansión helenística dio origen a ciudades de estilo griego en todo el Oriente, siendo Alejandría el principal centro económico y cultural. Aunque la independencia política de las polis griegas decayó, su lengua, arte y ciencia influyeron profundamente en el mundo mediterráneo y más allá.