Si se piensa que los campos de refugiados son una tragedia exclusiva de la actualidad, la historia demuestra lo contrario: la humanidad ha creado catástrofes similares en cada guerra. Un ejemplo poco conocido es El Shatt, un campamento situado en la península del Sinaí, Egipto, que acogió a miles de croatas durante la Segunda Guerra Mundial.
Contexto histórico
En junio de 1943 las potencias del Eje lanzaron la Operación Schwarz (también conocida como la Quinta Ofensiva Antipartisana) con el objetivo de asegurar la costa adriática y aplastar a los partisanos yugoslavos liderados por Tito. La ofensiva, apoyada por alemanes, italianos, búlgaros, los milicianos fascistas croatas (Ustaše) y la Guardia Nacional Croata, quemó aldeas, masacró civiles y dejó a miles de heridos expuestos a la tifus.
Aunque Tito logró escapar una vez más, el control del territorio quedó en manos del SS. La caída de Mussolini en septiembre de 1943 cambió el equilibrio: las tropas italianas abandonaron Yugoslavia y los partisanos recuperaron espacio para reorganizarse.
La huida de los dalmates
Ante la represión alemana, decenas de miles de civiles temían represalias. Aproximadamente 28 000 personas procedentes de las localidades de Vodice, Hvar, Vis, Korčula, Ravni Kotari, Bukovica y, sobre todo, Makarska, buscaron refugio en la isla de Vis, una pequeña porción de 90 km² frente a Split.
Vis había sido ocupada por Italia desde 1941 y había sufrido una intensa italianización. Cuando los alemanes tomaron el control, la isla se convirtió en el último refugio libre de la ocupación nazi en Croacia. Allí, Tito se ocultó en la denominada “Cueva de Tito”.
El nacimiento del campamento El Shatt
Los británicos, encargados de atender a la población desplazada, inicialmente intentaron reubicarlos en el sur de Italia (Bari y Taranto), pero la inseguridad de la zona obligó a buscar un destino más seguro. Así surgió el campamento El Shatt, en la costa norte del Sinaí, cerca del Canal de Suez.
El campamento constaba de cinco sectores, sin edificaciones permanentes; sólo tiendas de campaña, cada una destinada a dos familias. A pesar de las condiciones precarias, los dalmates organizaron talleres, escuelas, una lavandería, una iglesia, una orquesta con coro y hasta un periódico llamado Naš List (“Nuestro Diario”).
Vida en el campamento
Los refugiados llegaron en el verano de 1944 y permanecieron allí hasta 1946. El clima desértico, la escasez de agua y las enfermedades provocaron una elevada mortalidad, especialmente infantil. Además, los soldados británicos que custodiaban el campamento imponían una disciplina estricta, permitiendo la salida sólo con autorización explícita, como si fueran prisioneros.
Sin embargo, la esperanza siguió viva: se celebraron 5 000 matrimonios y nacieron 650 niños durante los 18 meses de existencia del campamento.
Despedida y legado
Con el fin de la guerra a principios de 1946, los refugiados pudieron regresar a sus hogares en Yugoslavia. El campamento quedó desmantelado, pero perduró el cementerio con 825 tumbas de los que no lograron salir (dañado durante la guerra árabe‑israelí) y, en 2003, se erigió un monumento en su memoria.