El asedio de Antioquía fue uno de los episodios más decisivos de la Primera Cruzada. La ciudad, situada en la Ruta de la Seda, había sido un importante centro romano y cristiano, y sus imponentes murallas la convertían en un objetivo difícil de tomar.
¿Qué tipo de ciudad era Antioquía?
Fundada como capital de la provincia romana de Siria, Antioquía alcanzó su apogeo bajo el Imperio Bizantino. Tras el terremoto del siglo VI y los conflictos con los selyúcidas, la ciudad cayó en decadencia, pero sus murallas permanecieron prácticamente intactas. El río Orontes al oeste, el monte Silpio al este y un profundo valle al sur ofrecían ventajas naturales que reforzaban la defensa.
En 1085 los bizantinos la perdieron ante los selyúcidas, pero la fortaleza siguió siendo considerada como una de las ciudades más inexpugnables de la época.
Decisiones de los cruzados al atacar
Los líderes cruzados estaban divididos. Bohemundo de Taranto y Godofredo de Bouillón defendían la idea de que las murallas eran insalvables y proponían una estrategia basada en la infiltración y la traición interna. Por otro lado, Raymond IV de Toulouse abogaba por un asalto directo.
Antioquía contaba con seis puertas principales:
- Puerta del Monte Silpio (este): situada en la cima del monte, prácticamente imposible de asaltar.
- Puerta de San Jorge (sur): flanqueada por acantilados y el río Orontes, dificultaba el despliegue de tropas.
- Puerta del Puente (oeste): el acceso era estrecho y controlado por un puente.
- Puerta del Duque (noroeste): la más vulnerable, frecuentemente utilizada por los cruzados.
- Puerta de Innojofuta y Puerta de San Pablo (norte): menos conocidas pero estratégicamente relevantes.
Finalmente, los cruzados siguieron el consejo de Bohemundo y Godofredo, optando por una combinación de asedio y traición interna.
Choque entre Bohemundo y Duqaq y el terremoto
Durante el asedio, la escasez de alimentos se agravó con la llegada del invierno. Los cruzados dependían de suministros externos que resultaban difíciles de conseguir, mientras que la guarnición de Antioquía podía reabastecerse con relativa facilidad.
Los intentos de obtener provisiones en Damasco y Alepo fracasaron, y la falta de alimentos provocó enfermedades y desesperación entre los cruzados.
En diciembre, un fuerte terremoto sacudió la región, seguido de lluvias intensas. El sismo obligó a los refuerzos de Duqaq a retirarse, mientras que los cruzados, debilitados por el hambre, vieron empeorar su moral. El obispo Adhemar llegó a afirmar que Dios los había abandonado.
Desgaste de las relaciones con el Imperio Bizantino
El emperador bizantino Alejo I Komneno llegó a la zona con una delegación diplomática, pero los cruzados, liderados por Bohemundo, rechazaron sus propuestas, sospechando que el emperador buscaba recuperar la ciudad para sí mismo.
Bohemundo, ambicionando el señorío de Antioquía, amenazó con abandonar la cruzada si no se le reconocía su derecho sobre la ciudad.
Mejora de la situación y llegada de los refuerzos
En febrero, los refuerzos de Lidván (el principal aliado de Alejo I) lograron romper el bloqueo y enviaron un convoy de suministros a la costa de San Simón, a 14 km al oeste de la ciudad. El convoy, probablemente organizado por Bizancio, permitió a los cruzados reabastecerse.
Con los nuevos alimentos, se construyó un pequeño fuerte en la Puerta de San Jorge y otro en la Puerta del Puente, lo que facilitó la defensa de los puntos vulnerables.
Confrontación con Kerbogha de Mosul
En la primavera, el sultán Kerbogha de Mosul (también llamado Gerboga en algunas fuentes) avanzó con un gran ejército para intentar recapturar Antioquía. Mientras tanto, los cruzados, agotados pero motivados por el hallazgo de la supuesta Lanza Sagrada, decidieron salir al campo de batalla.
Kerbogha, confiado en su superioridad numérica, lanzó un ataque directo que fracasó; su ejército se desmoronó y, tras varios días de escaramuzas, la mayor parte de sus tropas abandonó la contienda.
Caída de Antioquía y segunda fase del asedio
La traición del guardián de la Torre de las Dos Hermanas permitió a los cruzados abrir la puerta y entrar en la ciudad. Tras una breve masacre de la población, Bohemundo tomó el control y declaró su dominio.
Aunque la ciudad había sido ocupada, Kerbogha regresó con refuerzos y estableció un nuevo asedio alrededor del castillo de Silpio y la Puerta de Hierro. La escasez de alimentos volvió a ser crítica, pero la moral se mantuvo alta gracias al relato del descubrimiento de la Lanza Sagrada.
Conflictos posteriores al asedio
Bohemundo exigió la rendición de la ciudad al emperador bizantino, pero Alejo I se había retirado sin ayudar. La tensión entre los cruzados y el imperio aumentó, y la muerte del obispo Adhemar (probablemente por tifus) debilitó aún más la cohesión del ejército.
Con la moral en declive, algunos cruzados comenzaron a desertar, pero Bohemundo y su sobrino Tancredo lograron mantener la disciplina y continuar la marcha hacia Jerusalén.
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