La Guerra de los Cien Años, pese a su nombre, no fue un conflicto continuo durante un siglo, sino una serie de campañas intercaladas con treguas. Para simplificar, este artículo se centra en la primera mitad, desde el estallido del conflicto en 1337 hasta la tregua de Brétigny en 1360.
Orígenes del conflicto
El rey Eduardo III de Inglaterra, descendiente de la dinastía capeta a través de su madre Isabel, reclamó el trono francés tras la muerte del último rey capeto, Carlos IV. El rey francés Felipe VI, de la nueva dinastía Valois, rechazó esa pretensión, lo que desencadenó una disputa de sucesión que pronto se transformó en guerra.
La rebelión flamenca y la batalla de Sluys (1340)
El bloqueo inglés a la exportación de lana a Flandes provocó una revuelta en la región, donde los ciudadanos flamencos se alinearon contra el conde de Flandes, aliado de Francia. Aprovechando la confusión, Felipe VI intentó evitar enfrentamientos directos y atacó la costa inglesa para controlar el mar.
El 24 de junio de 1340 tuvo lugar la batalla naval de Sluys. A pesar de estar en inferioridad numérica, la infantería inglesa, armada con arcos largos (longbow), logró una victoria decisiva que aseguró el dominio inglés en el Canal de la Mancha.
El arco largo inglés
El arco largo, perfeccionado en Gales, se convirtió en la pieza clave del ejército inglés. Su gran alcance y velocidad de disparo compensaban la menor caballería y permitieron derrotar a los caballeros franceses en varias batallas.
La cuestión escocesa
Felipe VI intentó usar a Escocia contra Inglaterra, apoyando al rey escocés David II. Sin embargo, Inglaterra mantuvo su influencia y la relación entre ambos reinos siguió siendo tensa.
La guerra de sucesión bretona (1341‑1365)
Durante la tregua, Francia se vio envuelta en la sucesión del ducado de Bretaña. Dos facciones, apoyadas por Inglaterra y Francia respectivamente, se enfrentaron en una guerra prolongada que duró más de dos décadas.
El Príncipe Negro y la batalla de Crécy (1346)
El hijo de Eduardo III, el Príncipe Negro (Eduardo de Gales), demostró su valía en la batalla de Crécy. Con el apoyo del arco largo, los ingleses derrotaron a la caballería francesa, marcando un punto de inflexión en la guerra.
En 1347, el Príncipe Negro capturó la ciudad de Calais, convirtiéndola en una base estratégica que facilitó el suministro de tropas y recursos desde Inglaterra.
La peste y la muerte de Felipe VI
La epidemia de peste negra, que arrasó Europa a mediados del siglo XIV, intensificó el deseo de paz. En 1350, Felipe VI murió y fue sucedido por su hijo Juan II, lo que abrió una nueva fase del conflicto.
Batalla de Poitiers (1356) y captura de Juan II
El Príncipe Negro volvió a enfrentarse a las fuerzas francesas en la batalla de Poitiers. La victoria inglesa culminó con la captura del rey Juan II, quien permaneció prisionero en Inglaterra hasta 1364.
El rey sabio Carlos V y la tregua de Brétigny
Con Juan II cautivo, su hijo Carlos V asumió la regencia. La situación interna de Francia era caótica: revueltas campesinas como la Jacquerie, escasez de recursos y la amenaza de la peste. Tras varios años de hostilidades, se firmó el Tratado de Brétigny (1360), que otorgó a Inglaterra importantes territorios en el norte de Francia a cambio de renunciar a la pretensión al trono francés.
Esta primera mitad de la Guerra de los Cien Años estableció los patrones de guerra, diplomacia y rivalidad que definirían el resto del conflicto.