El rey de Inglaterra Enrique II expandió su territorio mediante matrimonio y guerra, pero gran parte de esas posesiones fueron recuperadas por el Reino de Francia.
Los continuos enfrentamientos por esas tierras hicieron que la llamada Guerra de los Cien Años fuera, en primera instancia, una disputa territorial, aunque no fue el único motivo.
El verdadero detonante fue la cuestión de la sucesión al trono francés. A continuación respondemos:
- ¿Cómo podía el rey de Inglaterra reclamar legitimidad?
- ¿Por qué reclamó el trono de Francia?
- ¿Qué provocó el odio entre Inglaterra y Francia?
Responderemos cada pregunta paso a paso.
¿Cuál era la relación entre los reyes de Inglaterra y Francia?
La chispa que inició la guerra fue el desafío del rey inglés Eduardo III. Su madre, Isabel de Francia, era hija del rey Felipe IV y, por tanto, Eduardo tenía sangre capetaña.
Ese vínculo le permitía afirmar que tenía derecho al trono francés.
Situación en Francia tras la extinción de la rama capetaña
Después de la muerte de Felipe IV en 1314, sus hijos Luis X, Juan I, Felipe V y Carlos IV se sucedieron rápidamente, pero ninguno dejó descendencia masculina.
El Salic Law, que prohibía la sucesión a través de la línea femenina, impedía que la hija de Luis X o la esposa de Felipe IV reclamaran el trono. Así, la casa de Capetos quedó sin herederos directos.
El consejo francés eligió a Felipe VI, hijo de Carlos de Valois, iniciando la dinastía de Valois.
¿Qué posición ocupaba Eduardo III en ese momento?
Al ser nieto de Felipe IV por parte de su madre, Eduardo consideró que su derecho era superior al de Felipe VI. Sin embargo, la coronación de Felipe VI fue aceptada en Francia, mientras que Inglaterra lo consideró una usurpación.
Conflicto familiar de Eduardo III
Eduardo III estaba bajo la influencia de su madre, la reina Isabel, y su padre, Eduardo II. El matrimonio fue conflictivo: Isabel había tenido una relación cercana con Gaveston, lo que provocó tensiones con su esposo.
El descontento culminó en la revuelta de los barones, la muerte de Gaveston y la posterior invasión de Gascuña, preludio de la guerra con Francia.
El golpe de Isabel
En 1326, Isabel, acompañada de su amante Roger Mortimer, lideró una rebelión que depuso a Eduardo II. El joven Eduardo III fue proclamado rey, pero su autoridad estaba limitada mientras la dinastía valois consolidaba su poder.
Factores que deterioraron las relaciones anglo‑francesas
Más allá de la cuestión sucesoria, varios conflictos internacionales alimentaron la enemistad.
El problema territorial de Flandes
Flandes era una región próspera gracias al comercio de lana. Inglaterra era el principal proveedor de lana, mientras que los comerciantes flamencos dependían de ella para sus tejidos.
El rey francés Felipe IV intentó someter a Flandes, lo que llevó a enfrentamientos entre los defensores flamencos (aliados de Inglaterra) y los partidarios de Francia.
Conflictos con Escocia
Inglaterra había intentado someter a Escocia desde la época de Eduardo I, pero la resistencia escocesa persistía. Francia apoyó a Escocia como forma de presionar a Inglaterra.
El rey francés Felipe VI acogió al rey escocés, lo que agravó aún más la rivalidad.
El estallido de la guerra
En 1337 Felipe VI confiscó los territorios ingleses en Guyana (Aquitania), que eran feudos de Eduardo III. Ante esa afrenta, Eduardo proclamó su derecho al trono francés y declaró la guerra, dando inicio a la Guerra de los Cien Años.
Así, la combinación de una disputa sucesoria, intereses económicos y alianzas estratégicas convirtió a Inglaterra y Francia en enemigos acérrimos durante más de un siglo.