
El comercio de esclavos como negocio capitalista
Al igual que cualquier empresa capitalista, la trata de esclavos se regía por el costo y la rentabilidad. En las costas africanas los traficantes negociaban precios con autoridades locales y corredores, a veces sin obtener gran beneficio. En América, el capitán se aseguraba de colocar su "mercancía" al precio más alto, empleando todo tipo de artificios comerciales. Los esclavos podían venderse hasta 800 veces su precio de compra, aunque los costos y riesgos del viaje eran elevados; sin embargo, pocas expediciones terminaban en pérdidas.
Preparación del “producto”
Poco antes de arribar al puerto, la tripulación atendía a los esclavos para que resultaran más presentables: les afeitaban la cabeza y la barba, los untaban con aceite de palma, los purgaban, los lavaban y aplicaban ungüentos en las heridas. En francés, este proceso se denominaba "blanchiment". El barco quedaba en cuarentena para evitar contagios; tras la inspección de un médico portuario, podía iniciarse la venta.
Publicidad y formas de venta
Se colgaban carteles y se publicaban anuncios en la prensa local, o se anunciaba oralmente. Un disparo de cañón señalaba la apertura del mercado de esclavos. La venta se realizaba de varias maneras: los plantadores privados compraban al por menor según sus necesidades, mientras que los intermediarios (o "comerciantes de desguace") adquirían lotes grandes para revenderlos. En los lotes, los vendedores mezclaban a menudo esclavos sanos con enfermos o de "calidad" inferior, más difíciles de vender.
Evaluación de la “calidad”
Al momento de la subasta, los compradores podían inspeccionar la "calidad" de los esclavos. En las Indias Occidentales se los exhibía desnudos, sobre barriles o taburetes; en las colonias norteamericanas los vestían con ropas europeas. Se examinaban ojos, dientes, piel y robustez. La selección dependía del uso final: los congoleños, pequeños y nerviosos, se consideraban ideales para las plantaciones de café. Un traficante francés afirmaba que los niños fuertes "siempre estarán en gran demanda".
Forma de pago
El pago en efectivo era raro, pese a ser la modalidad preferida por los traficantes, quienes ofrecían un descuento del 10 % al 15 % por ese método. Gran parte del precio se abonaba mediante letras de cambio con vencimientos variables (1 mes, 3 meses, 1 año, etc.), que no siempre se podían liquidar. El precio también fluctuaba según la oferta y la demanda del "producto". Tras la venta, el dueño marcaba con hierro caliente el pecho o el hombro del esclavo y le asignaba un nuevo nombre cristiano.