270 representaciones pintadas o grabadas en la cueva Cosquer. La mitad representan animales, la otra mitad signos geométricos o manos. • DRAC PACA / SERVICIO DE PRENSA
Al estar sumergida, la cueva Cosquer es menos conocida que Lascaux o Chauvet, pero alberga una de las colecciones prehistóricas más singulares del mundo. Situada en los acantilados de la península de Morgiou, entre Marsella y Cassis, la cueva contiene numerosas pinturas que pronto podrán verse en una réplica programada para 2022.
Fue en 1985 cuando el buceador profesional Henri Cosquer descubrió la cueva y sus frescos, datados entre 18 000 y 27 000 años antes de nuestra era. En sus paredes se encuentran 270 representaciones, entre ellas bisontes, felinos, caballos y, de forma excepcional, animales marinos como focas, pingüinos, medusas y cetáceos. La cueva, dividida en dos cámaras, también está cubierta de signos geométricos y manos.
Los frescos bajo amenaza
Para llegar a ella, los buzos experimentados deben atravesar un túnel submarino de 175 m de longitud cuya entrada se encuentra a 35 m de profundidad. Hace 20 000 años el nivel del mar era entre 110 y 120 m más bajo, lo que permitía a los hombres prehistóricos acceder a la cueva. No se hallan huesos ni herramientas, lo que sugiere que sólo la visitaban para pintar.
Hasta ahora la cueva ha permanecido cerrada al público por razones de seguridad. Hoy, la mayor amenaza no proviene de los visitantes, sino del cambio climático: el aumento del nivel del mar podría sumergir por completo los frescos, provocando la desaparición inevitable del sitio. Por eso se decidió crear una réplica.
La reproducción, basada en levantamientos digitales y fotogrametría 3D realizados por una empresa de geociencias, se construirá en la Villa Méditerranée de Marsella, junto al MuCEM. Se prevé su apertura en junio de 2022 y la visita se realizará a bordo de pequeñas embarcaciones.