
Restos gala‑romanos del yacimiento arqueológico de Alesia, Borgoña, Francia • ISTOCKPHOTO
A finales de 1860, obreros que drenaban los campos al pie del Monte Auxois, cerca del pueblo de Alise‑Sainte‑Reine, descubrieron un alijo de armas y hachas de bronce. La noticia se difundió rápidamente y los expertos la relacionaron de inmediato con un episodio clave de la historia francesa: la Batalla de Alesia, en la que las legiones de Julio César derrotaron a los galos liderados por Vercingétorix en el 52 a.C.
Excavaciones patrióticas
Los objetos hallados pertenecían, en realidad, al milenio anterior, pero en aquella época Francia mostraba un gran interés por su pasado gala‑romano. En 1857, Napoleón III creó la Commission de topographie des Gaules para elaborar mapas y diccionarios arqueológicos que sirvieran de base a su monumental Histoire de Jules César (1865‑1866). Esa comisión puso en marcha las excavaciones de Alise el 20 de abril de 1861, bajo la dirección del ingeniero Félix Caignart de Saulcy y con la supervisión del arqueólogo Alexandre Bertrand, formado en la Escuela Francesa de Atenas.
Pocos días después, Napoleón III visitó el sitio, recorrió todo el recinto y encontró una espada enterrada. Posteriormente ordenó la reconstrucción de los acontecimientos de la campaña de César y, en agosto de 1865, hizo erigir una imponente estatua de Vercingétorix obra de Aimé Millet, que aún se puede contemplar.
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El emperador mostró tanto interés que, en 1862, designó a un delegado personal –el coronel de artillería Eugène Stoffel– para supervisar las obras, que se realizaron con rigor militar hasta 1865. El trabajo de campo estuvo a cargo de Paul Millot, inspector de carreteras cantonal, y de Victor Pernet, terrateniente local. Millot organizaba los equipos, pagaba a los obreros y transmitía los resultados; Pernet dirigía directamente a los trabajadores, que pasaban de 12 a 60 hombres trabajando entre diez y doce horas diarias por un salario de 2 francos.
«Cuanto más nos acercábamos al campamento, más hallazgos encontrábamos»
Las excavaciones revelaron rápidamente las obras de asedio de las legiones de César: dos líneas de trincheras concéntricas que rodeaban Alesia, una para impedir la salida de los sitiados y otra orientada al exterior para proteger a los romanos de un posible ataque de los galos que acudían en ayuda de Vercingétorix. Entre los hallazgos se encontraban armas, una copa de plata de medio litro, huesos humanos y equinos, piezas de arnés, cascos, escudos, lanzas, espadas, jabalinas y numerosas monedas romanas y galas.
Un lugar disputado
Estos descubrimientos coincidieron con una segunda batalla: el debate académico sobre la ubicación exacta de la ciudad gala sitiada por César, que se prolongó casi un siglo. Aunque la tradición ya aceptaba Alise‑Sainte‑Reine como sitio, la lectura de la Guerra de las Galias llevó a varios especialistas a proponer otras localidades: Izernore (Ain), Novalaise (Saboya) y Aluze (Saône‑et‑Loire). En 1855, el arquitecto Alphonse Delacroix presentó como candidata a Alaise, un pueblo del Doubs a 25 km de Besanzón, donde se habían descubierto en 1861 los supuestos “trinchera de César”.
Las excavaciones modernas realizadas entre 1952 y 1954 descartaron esa hipótesis: en Alaise solo se hallaron restos de ocupación medieval y las supuestas trincheras resultaron ser accidentes naturales de la piedra caliza. Hoy todos los historiadores coinciden en que Alesia corresponde al Monte Auxois, aunque la controversia sigue avivando pasiones locales.
Cronología
1861 – Se inician las excavaciones en la llanura al pie del monte de Alise‑Sainte‑Reine.
1861 – Algunos académicos proponen, hoy descartada, la ubicación en Alaise (Franche‑Comté).
1861‑1865 – Se descubren numerosos restos del campamento de César en Alise‑Sainte‑Reine.
1991‑1997 – Nuevas excavaciones confirman que el sitio es, efectivamente, el mencionado por César.
Entre líneas de la Guerra de las Galias
Los arqueólogos que participaron en las excavaciones de 1861‑1865, entre ellos Félix Caignart, centraron su investigación en el relato de César, que describe al oppidum de Alesia como situado en la cima de una colina, con dos ríos a sus pies, y una llanura de unos 3 000 pasos delante de la ciudad. Esa descripción permitió identificar casi toda la topografía del lugar.