La majestuosa escalera ceremonial que conduce al salón de espectáculos del Palais Garnier, París. Fuente: Wikimedia Commons.
En septiembre de 1909 el periódico parisino Le Gaulois empezó a publicar la primera entrega de una novela‑serial titulada El fantasma de la Ópera. El autor, Gaston Leroux, todavía periodista, alegaba haber investigado una serie de sucesos extraños ocurridos en el Palais Garnier y prometía presentar los resultados en forma de ficción. Durante los cinco meses que duró la publicación, los lectores quedaron atrapados por la historia de un “fantasma” que rondaba los pasillos traseros del teatro y provocaba la muerte de quien se atrevía a mirarlo.
Amor desesperado
En realidad el fantasma es un hombre atormentado, cuya deformidad facial de nacimiento le confiere un aspecto espectral. Leroux lo describe como un genio de la arquitectura, la magia y la música, pero también como un “muerto viviente” que se refugia en los sótanos de la Ópera. El personaje, llamado Erik, se enamora de la joven soprano Christine Daaé, le imparte lecciones de canto y, para mantenerla a su lado, llega a secuestrarla y encerrarla en su guarida subterránea. La trama se enriquece con trampas en los pasadizos, la caída del candelabro del gran auditorio, venganzas y muertes.
Al final, Erik decide, como acto de redención, liberar a Christine para que se case con su amor de la infancia, el vizconde Raoul de Chagny. En el epílogo Leroux narra la muerte del fantasma:, solo y desesperado, se aísla en los sótanos del edificio y allí se quita la vida.
El lago oculto bajo el escenario
Desde la primera entrega Leroux asegura que su historia se basa en hechos reales. El primer germen de inspiración proviene del propio Palais Garnier, construido por iniciativa del emperador Napoleón III. Cuando las obras comenzaron en 1862, una antigua corriente del Sena amenazó la estabilidad del edificio, que se erigía sobre terreno pantanoso. Para reforzar los cimientos, el arquitecto Charles Garnier diseñó un lago artificial aislado por muros que actúa como cisterna y protege la estructura de la infiltración de agua. Hoy los bomberos de París vacían esa cisterna dos veces al año para evitar el ascenso de la tabla de agua y salvaguardar la fauna acuática.
Sobre esa base, Leroux imagina a Erik como un asistente de Garnier que, durante los casi quince años de construcción, creó su propio refugio subterráneo, aislado del mundo humano.
Música enlatada
El escenario de apertura del libro está inspirado en un hecho verídico que Leroux presenció. En 1907, Alfred Clark, director de la French Gramophone Company, y Pedro Gailhard, director de la Ópera, organizaron una misión casi secreta: Clark donó varias grabaciones de cantantes de ópera a la Academia Nacional de Música bajo la condición de que se conservaran selladas en urnas metálicas durante cien años. Gailhard eligió el sótano del Palais Garnier, junto al lago artificial, como lugar de custodia. Las urnas fueron abiertas en 2007 y las grabaciones publicadas en tres CD bajo el título Les Urnes de l'Opéra.
Leroux, sin embargo, añade un toque macabro: mientras los obreros rompían una pared para abrir la caja fuerte, la pared se derrumbó revelando un apartamento amueblado y, en su interior, un cadáver en descomposición. Según el autor, la Ópera intentó ocultar el hallazgo y arrojó el cuerpo a una fosa común, pero su investigación revela que el esqueleto mostraba una deformidad que sugiere que la persona se había recluido voluntariamente para morir allí.
En realidad, nunca se ha encontrado un esqueleto misterioso en la Ópera, aunque con el tiempo surgieron leyendas que lo vinculaban a un comunero fallecido durante la Comuna de 1871. Lo único verificable es que, durante el asedio de París por los prusios en 1870, el edificio sirvió como refugio, depósito de municiones y suministros.
La verdadera Christine
El personaje femenino, Christine Daaé, también combina ficción y realidad. Gaston Leroux se inspiró en la vida de la soprano sueca Christina Nilsson. Ambas nacieron en familias campesinas, perdieron a su madre en la infancia y acompañaron a sus padres tocando el violín y cantando en pueblos. Tras la muerte del padre, fueron adoptadas por mecenas que les abrieron las puertas del mundo operístico parisino. Finalmente, ambas contrajeron matrimonio con un aristócrata: Nilsson con el conde de Casa Miranda, y Christine, según la novela, con el vizconde Raoul.
En cuanto al “fantasma”, a principios del siglo XX circulaban muchas historias sobrenaturales en París. En 1905 el fisiólogo Charles Richet, premio Nobel de Medicina en 1913, publicó un informe sobre apariciones espectrales en Argelia, acompañadas de fotografías. Leroux, sin embargo, descarta lo sobrenatural: Erik es un hombre de carne y hueso que se vale del miedo y las supersticiones ajenas para manipular a los demás.
Del libro al cine
La novela se serializó en Le Gaulois entre septiembre de 1909 y enero de 1910. Desde entonces ha sido adaptada numerosas veces al cine y al teatro. La versión más famosa es el musical de Andrew Lloyd Webber, estrenado en 1986, que llevó la historia a los escenarios de todo el mundo.
La construcción del palacio
El nuevo Palais Garnier debía ser la joya de la corona de Napoleón III. El proyecto, ganado por el joven arquitecto Charles Garnier en un concurso público de 1861, combinó lujo, opulencia y una imponente escalera de mármol blanco que conecta todos los niveles del teatro. Las obras se interrumpieron por la guerra franco‑prusiana y, más tarde, por la insurrección de la Comuna en 1871; no se reanudaron hasta 1873 y el edificio se inauguró en 1875, sin la presencia del emperador fallecido ni del propio arquitecto, expulsado por el nuevo régimen.
¡Cuidado con el candelabro!
Una de las escenas más recordadas del libro es la caída del gran candelabro del salón para asustar al rival de la amada de Erik. Un hecho similar ocurrió el 20 de mayo de 1896: durante la representación de la ópera Hellé de Floquet, el enorme candelabro de cristal se desprendió y cayó sobre el público, matando a una mujer en la cuarta fila y hiriendo a varias personas. El suceso alarmó a la policía, que incluso consideró la posibilidad de un atentado.