Historia antigua

Viviendas medievales: arquitectura y vida cotidiana

Arquitectura de las casas medievales

En los edificios de los siglos XIII y XIV convivían varias generaciones bajo el mismo techo. Cada vivienda tenía una gran sala central que daba acceso a los demás ambientes, facilitando el control y la vigilancia del interior.

Distribución y materiales

En la planta baja el suelo estaba empedrado o revestido con losas; en los pisos superiores predominaban los suelos de madera cubiertos con alfombras o tapices. Los techos eran de vigas, a veces decorados con motivos geométricos pintados, aunque con mayor frecuencia se los pintaba de colores oscuros. A lo largo de las paredes, justo bajo el techo, se colgaban cuadros, tapices o pequeñas ganchos para colgar objetos.

Las puertas eran robustas, equipadas con pestillos y cerrojos. Las contraventanas de madera protegían el interior de las inclemencias y las ventanas se cubrían con "cristales" de tela de lienzo impregnada en aceite o encerada, ya que el vidrio no se popularizó hasta el siglo XV.

Viviendas de los menos favorecidos

Las casas de los campesinos y artesanos eran refugios estrechos donde se dormía, se comía y se guardaban las escasas pertenencias, sin una clara diferenciación de espacios. El mobiliario era limitado: cama (para quien podía permitírsela), arcón para ropa y ropa de cama, mesa, armario y recipientes para granos o vino. En algunos hogares modestos también se encontraban ruecas o telares.

Estas viviendas, construidas de madera con techo de paja y asentadas directamente sobre el solar que la familia trabajaba, evolucionaron tras el siglo X: los campesinos empezaron a asentarse dentro de los muros de los castillos para refugiarse en caso de ataques.

Seguridad y confort

La seguridad era primordial: las ventanas se reforzaban con rejas de hierro y las puertas se fabricaban con tablas verticales clavadas a travesaños horizontales, reforzadas con cerrojos y ferretería. En la planta baja, además de los comercios, solía haber bodegas, pozos, patios o cuartos de servicio.

Braseros, calentadores y chimeneas hacían algunas estancias habitables durante el invierno, mientras que lámparas de aceite y velas iluminaban los ambientes.

El papel de la madera

En cualquier edificio, ya fuera palaciego o humilde, la madera era esencial para escaleras, balcones, buhardillas y tabiques. Las crónicas medievales relatan frecuentes incendios que devoraban casas y barrios enteros. La iluminación se lograba con lámparas de aceite, velas de cera o, en los hogares más pobres, con la llama del hogar.

El dormitorio como núcleo doméstico

En las casas del siglo XIII‑XIV el dormitorio era la habitación principal. Gran parte del día se pasaba allí: se recibían visitas, se trabajaba o se conversaba. La cama consistía en un marco de madera con cabeceros de igual altura, elevada sobre una plataforma con cajones para ropa y tejidos. A menudo se separaba del resto de la estancia con una cortina tejida.

Al pie de la cama había un baúl que servía tanto para guardar ropa como para sentarse; los objetos de valor se guardaban en cajas forradas bajo la cama. Estas camas eran muy amplias, de dos a tres metros de ancho, para acomodar a varias personas. Los nobles utilizaban sábanas, fundas bordadas, mantas acolchadas o forradas de piel; los más pobres se conformaban con una simple tabla, dos caballetes y un saco de paja cubierto con trapos.

Evolución del mobiliario noble

La nobleza medieval no destinaba grandes recursos a amueblar sus hogares. Sólo a partir del siglo XIV las residencias de nobles y mercaderes empezaron a recibir mayor atención. Se multiplicaron los ambientes especializados y surgieron habitaciones independientes.

El mobiliario pasó a ser sencillo y rústico: arcones para ropa y linos, cántaros, utensilios de madera, metal o terracota para servir, cocinar, limpiar, rezar, tejer o trabajar. Los palacios de las ciudades italianas ejemplificaron esta tendencia, combinando la vida familiar con la demostración de riqueza y poder.