Orígenes y propagación
Contrario a lo que su nombre sugiere, la gripe española no se originó en la península ibérica. Los estudios epidemiológicos sitúan su primer brote en los Estados Unidos, específicamente en el campamento militar de Camp Funston, Kansas, a principios de marzo de 1918, donde se reportaron cientos de casos entre los reclutas. En abril y mayo la enfermedad se extendió rápidamente a otras instalaciones, como la prisión de San Quentin, y a fábricas como la de Ford, donde más de mil trabajadores contrajeron la influenza.

¿Por qué se le llamó "gripe española"?
España, al ser un país neutral durante la Primera Guerra Mundial, no estuvo sujeta a la censura militar que limitaba la información en gran parte de Europa. Los periódicos españoles informaron abiertamente sobre la evolución de la enfermedad, lo que dio la impresión de que la epidemia era particularmente grave allí. Esta visibilidad hizo que, erróneamente, se asociara a España como el origen del brote.

Impacto global
Se estima que la pandemia infectó a alrededor de un mil millones de personas y provocó entre 21 y 40 millones de muertes, aunque los números exactos son difíciles de precisar por la falta de registros fiables en Asia, África y América del Sur. Según Edwin Oakes Jordan (Epidemic Influenza, 1927), las cifras de fallecidos fueron aproximadamente:
- América del Norte y Central: 1.075.685
- América Latina: 327.250
- Europa: 2.163.303 (Rusia lideró con 450.000 muertes)
- Asia: 15.757.363
- Australia y Oceanía: 965.245
- África: 1.353.428
En total, entre 1918 y 1921, la gripe española causó aproximadamente 21,6 millones de fallecimientos.

Situación en Italia
En Italia se estimó que la enfermedad contagió a unos 4,5 millones de personas, cerca del 12 % de la población de entonces (≈ 36 millones). El sur del país fue el más afectado, aunque la mortalidad varió considerablemente entre ciudades. En Turín, por ejemplo, se registraron hasta 400 fallecimientos diarios, aunque el gobierno impuso censura para evitar el pánico.
En el frente militar, a mediados de octubre de 1918, se llegaron a registrar picos de 3.000 nuevos casos al día. En el Primer Ejército, durante los últimos cuatro meses de 1918, hubo 32.482 contagios y 2.703 muertes.
Características clínicas
La gripe española se distinguió por dos rasgos sobresalientes:
- Una alta mortalidad, especialmente por neumonía bacteriana secundaria.
- Una afectación desproporcionada de adultos jóvenes (entre 20 y 40 años), a diferencia de otras influenza que golpean mayormente a niños y ancianos.
Medidas de salud pública
Ante la rápida expansión del virus, se aplicaron medidas de distanciamiento social: cierre temporal de escuelas, teatros, cines, bares, mercados y lugares de culto. El uso de mascarillas y la desinfección de espacios públicos fueron recomendados e, en algunos casos, obligatorios.
Respuesta médica
La medicina de la época resultó incapaz de frenar la pandemia. Muchos médicos murieron de la enfermedad y los tratamientos disponibles eran, en el mejor de los casos, paliativos. Se emplearon fármacos como fenazona para reducir la fiebre, tintura de nuez de la india para estimular el sistema nervioso y extractos de digitalis para insuficiencia cardíaca. El uso de aspirina generó controversia, pues aunque aliviaba la fiebre, se le culpaba de complicaciones pulmonares y cardíacas.
Algunas prácticas, ahora consideradas absurdas, incluían inyecciones de “sopa” filtrada de sangre y moco de pacientes o la recomendación de consumir grandes cantidades de vino tinto. Escritores y profesionales de la salud criticaron públicamente estas medidas, señalando la falta de evidencia científica.
Fin de la pandemia
Hacia finales de 1920 la ola de gripe española desapareció gradualmente, probablemente por una combinación de mutaciones virales que redujeron su virulencia y la mejora de las medidas de control y cuidados médicos.