Historia antigua

La Era Victoriana

La Era Victoriana (1837‑1901) corresponde al reinado de la Reina Victoria en el Reino Unido y a una época de intensos cambios económicos, políticos y culturales.

También conocida como el periodo victoriano, se caracteriza por la consolidación del dominio inglés en los mares, la expansión colonial en África y Asia, el auge de la industria y un notable impulso a las artes.

Características de la Era Victoriana

Durante este siglo, el Reino Unido amplió sus colonias en África, la India, Oriente Medio y diversas regiones asiáticas, convirtiéndose en la potencia mundial dominante bajo el nombre de Imperio Británico.

Al frente del país estaban la Reina Victoria (1819‑1901) y su esposo, el Príncipe Alberto (1819‑1861), modelo de padres ejemplares, cristianos devotos y monarcas imparciales en asuntos políticos.

La Era Victoriana

Podemos resumir este periodo en los siguientes rasgos:

  • Expansión del imperialismo británico en Asia y África.
  • Visibilidad de profundas desigualdades sociales.
  • Desarrollo del esteticismo y del "arte por el arte".
  • Revolución del transporte público con ferrocarriles y los primeros metros.
  • Invención de la fotografía, el sello postal, la electricidad, el telégrafo y el teléfono.
  • Consolidación del estereotipo del caballero inglés cristiano, filantrópico y emocionalmente contenido, usado como contraste frente a los pueblos colonizados.

Los críticos señalan que la era victoriana también significó la consagración de una mentalidad conservadora e hipócrita: mientras la burguesía desfilaba con la última moda por las calles de Londres, miles de obreros morían de tuberculosis en viviendas insalubres.

Literatura

Los nombres más destacados de la literatura victoriana incluyen a Oscar Wilde, George Eliot, Charles Dickens y las hermanas Brontë (Charlotte, Emily y Anne).

La producción literaria se divide entre novelas que retratan los gustos y hábitos de la burguesía acomodada y obras de ciencia ficción y fantasía.

Charles Dickens (1812‑1870) capturó las contradicciones de la época; su novela "Historia de dos ciudades" resume la complejidad del periodo, mientras que "Oliver Twist" muestra la dura realidad de los niños trabajadores.

Autores de terror y suspense, como Mary Shelley (1797‑1850) con "Frankenstein", también dejaron huella. Además, el icónico detective Sherlock Holmes y su compañero Watson, creados por Arthur Conan Doyle (1859‑1930), recorrían las sombrías calles de Londres resolviendo crímenes.

Moda

El código moral de la época influyó profundamente en la vestimenta masculina y femenina. La modestia y la discreción prevalecían, dejando de lado pelucas y maquillaje ostentoso.

Mujeres

La Era Victoriana

Los vestidos cubrían todo el cuerpo; mostrar tobillos o escote era considerado de mal gusto. El corsé, pieza central del atuendo, limitaba los movimientos y los vestidos, con hasta veinte capas de tela, podían pesar quince kilos.

Solo en eventos nocturnos como óperas o bailes se permitía revelar sutilmente brazos, hombros o una discreta escote.

Accesorios como abanicos, velos, sombreros, guantes, parasoles y chalecos completaban el look exigido por la sociedad.

Hombres

La Era Victoriana

El estilo victoriano buscaba combinar comodidad y elegancia, inspirándose en el príncipe Alberto. Los pantalones rectos, chaquetas, chalecos y colores oscuros eran la norma.

El sombrero era obligatorio; descubrir la cabeza en presencia de una dama o autoridad estaba mal visto. El reloj de bolsillo simbolizaba riqueza.

Barbas, bigotes y patillas estaban de moda, al igual que los bastones, usados incluso por los jóvenes para ganar respetabilidad.

Arquitectura

La arquitectura victoriana es diversa, pero destaca el uso intensivo de hierro y vidrio, frutos de la Segunda Revolución Industrial.

Los “palacios de cristal”, como el Crystal Palace de Londres (Construido para la Gran Exposición de 1851), se convirtieron en símbolos de la época y fueron replicados en lugares como Petrópolis, Brasil.

Las residencias de la clase alta presentaban techos a dos aguas, grandes ventanales con cortinas y amplios jardines. El salón era el epicentro de la sociabilidad, equipado con piano, sillones confortables y aparadores para el té.

Innovaciones como la electricidad y el agua corriente dieron origen a nuevas estancias, como el baño privado.

Trabajadores en la Era Victoriana

Los británicos denominaron a este periodo la “Era de la Paz y la Prosperidad”, ya que el Reino Unido dominaba un cuarto del planeta.

La industrialización impulsó la producción y la oferta alimentaria, provocando un aumento de la natalidad y de los índices de salud. La población pasó de 13,8 millones en 1831 a 32,5 millones en 1901.

Sin embargo, la prosperidad no llegó a todos. La Gran Hambruna irlandesa (1845‑1847) obligó a un tercio de la población a emigrar. Las clases trabajadoras vivían en condiciones deplorables; la esperanza de vida era de 37 años en 1837, subiendo apenas a 48 en 1901.

El trabajo infantil fue regulado en 1847, limitando la jornada a diez horas. Los sindicatos comenzaron a exigir mejores condiciones y surgieron sociedades benéficas, lideradas por iglesias y nobles, para combatir la mortalidad infantil, la falta de educación y la deficiencia sanitaria.

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