El absolutismo francés se consolidó entre los siglos XV y XVIII, cuando el reino pasó de ser una colección de provincias con leyes y privilegios propios a un Estado centralizado bajo la autoridad del monarca. Tras la Guerra de los Cien Años y la derrota de la nobleza en Agincourt, la monarquía francesa empezó a absorber los poderes locales, mientras que España alcanzaba su máximo poder. La dinastía de los Borbones, desde Enrique IV hasta Luis XIV, llevó a Francia a ser la potencia dominante en Europa, hasta que el absolutismo decayó con Luis XV y Luis XVI, este último ejecutado durante la Revolución Francesa.
Luis XI (1461‑1483)
Luis XI, conocido como el "Rey Prudente", heredó un reino donde los señores feudales, como Carlos el Temerario de Borgoña, rivalizaban con la autoridad real. Con astucia política, Luis reunió a la nobleza en Perpiñán y les mostró la necesidad de fortalecer la corona. Logró someter a los grandes duques, obligarlos a pagar tributos y ampliar los dominios reales, sentando las bases del Estado francés.
Reinado de Enrique IV (1590‑1610)
Enrique IV, monarca de origen protestante convertido al catolicismo, destacó por su pragmatismo y su famoso dicho: «Mi reino será feliz cuando cada campesino tenga una gallina para el domingo». Sus principales logros fueron:
- La promulgación del Edicto de Nantes (1598), que garantizó la libertad religiosa para católicos y hugonotes.
- Impulso a la agricultura y la industria, incluida la fundación de los talleres de tapices de Les Gobelins en París.
- Reforma financiera junto a su ministro Sully, que redujo la deuda externa en 47 millones de libras.
- Propuesta de una confederación europea para evitar guerras, idea retomada siglos después por Aristide Briand.
En 1610, Enrique IV fue asesinado por el fanático François Ravaillac en la entrada del Palacio del Louvre.
Reinado de Luis XIII (1610‑1643)
La regencia de María de Médici
Al morir Enrique IV, su hijo Luis XIII tenía solo nueve años; la reina madre María de Médici asumió la regencia hasta que el joven monarca alcanzó la mayoría de edad. Más tarde nombró a Cardenal Richelieu como su principal ministro.
Programa político de Richelieu
Richelieu propuso a Luis XIII cuatro objetivos que marcarían su gobierno:
- Combatir la facción protestante.
- Humillar a la nobleza feudal.
- Enfrentar a la Casa de Austria.
- Fomentar la cultura y las artes.
Lucha contra los protestantes
Los hugonotes concentraron su resistencia en La Rochelle, respaldados por Inglaterra. Richelieu ordenó la construcción de una gran barrera naval para bloquear la entrada de barcos ingleses y, tras un asedio de un año que dejó 15 000 muertos, la ciudad se rindió. Posteriormente, se concedió una tolerancia religiosa limitada para mostrar que la represión había sido política, no meramente religiosa.
Humillación de la nobleza
El poder feudal seguía siendo una amenaza. Tras descubrir conspiraciones contra el cardenal, Richelieu ejecutó a varios nobles (Marillac, Bassompierre, Montmorency) y confiscó sus fortunas, consolidando la autoridad real.
Enfrentamiento con la Casa de Austria
Para equilibrar el poder europeo, Francia intervino en la Guerra de los Treinta Años contra los Habsburgo, debilitando la influencia austríaca en el continente.
Fomento cultural
Richelieu fundó la Académie française, con 40 miembros dedicados a preservar la pureza del idioma y promover las letras y las ciencias. Bajo su patrocinio florecieron figuras como el dramaturgo Pierre Corneille, el filósofo René Descartes y el matemático Blaise Pascal.
Sucesión de Luis XIII
Tras la muerte de Luis XIII en 1643, su hijo Luis XIV era todavía un niño. La regencia quedó a cargo de la reina madre Ana de Austria y del cardenal Mazarino, quien, a diferencia de Richelieu, llevó a cabo una política fiscal desastrosa, aumentó los impuestos y provocó la revuelta de la Fronda, que buscaba limitar su poder.
Apogeo del absolutismo bajo Luis XIV (1643‑1715)
El reinado de Luis XIV, el "Rey Sol", representa la cúspide del absolutismo francés. El monarca concentró en sí mismo el poder legislativo y judicial, dictando leyes y administrando justicia sin intervención de parlamentos ni de la nobleza. Su gobierno estableció la idea de que la autoridad del rey era indivisible y sagrada, marcando la época más brillante del absolutismo en Francia.