La Guerra Franco‑Prusiana fue la etapa final de la unificación alemana, lograda mediante una tercera guerra cuidadosamente preparada por Bismarck. Así culminó la política belicista iniciada tras la derrota de Dinamarca.
Napoleón III, enfermo y fuertemente influenciado por su esposa Eugenia de Montijo y sus parientes, adoptó una política peligrosa contra la creciente potencia prusiana. En 1870 fue arrastrado a un conflicto para el que Francia no estaba preparada.
La candidatura Hohenzollern y el telegrama de Ems
En septiembre de 1868 estalló en España una revolución que depuso a Isabel II, dejando el trono vacante. Los revolucionarios propusieron al príncipe alemán Leopoldo de Hohenzollern, primo de Guillermo I, como candidato al trono español (julio 1870). Para Francia, esto supuso una amenaza grave: quedaría rodeada por dos estados gobernados por la dinastía prusiana.
La diplomacia francesa logró que el príncipe retirara su candidatura, pero se exigió al rey Guillermo I una declaración clara contra cualquier futura candidatura de Leopoldo. Bismarck manipuló el telegrama de Ems, enviado desde el retiro del rey, presentándolo como una ofensa a Francia. El incidente enfureció a los franceses y el Parlamento aprobó la declaración de guerra contra Prusia.
Desarrollo de la guerra
Prusia, gracias a sus ferrocarriles y a una planificación meticulosa, movilizó rápidamente a 500 000 hombres, frente a menos de la mitad del número que reunió Francia. Los soldados franceses, a pesar de contar con armas de calidad como el fusil Chassepot, se vieron superados por la superioridad numérica y la pobre conducción de sus tropas.
Tras una serie de enfrentamientos encarnizados, el ejército de Napoleón III, debilitado por la mala salud del emperador, fue derrotado en Sedan el 1 de septiembre 1870. En esa batalla fueron capturados 100 000 soldados franceses y el propio Napoleón.
La caída de la monarquía provocó una insurrección general en París y la formación de un Gobierno de Defensa Nacional, reminiscentemente de la Revolución de 1789. Entre sus miembros destacó Léon Gambetta, quien escapó de la ciudad en globo aerostático. Sin embargo, los prusianos rodearon París, neutralizando los esfuerzos del gobierno republicano. Tras algunos éxitos parciales y la traición que provocó la caída del fuerte de Metz, las fuerzas francesas fueron vencidas y la ciudad, sometida a un intenso bombardeo, capituló el 28 de enero 1871 en Versalles.
El tratado de paz y la proclamación del Imperio
El 18 de enero 1871 se proclamó el Imperio Alemán en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles. Los estados del sur de Alemania, aún independientes, se unieron al nuevo reino bajo Guillermo I de Hohenzollern.
El 10 de mayo 1871 se firmó la paz definitiva en Frankfurt, consolidando la victoria alemana.
Consecuencias
Entre las principales consecuencias se encuentran:
- La consolidación de la unidad política de Alemania.
- El derrocamiento del Segundo Imperio Francés y el surgimiento de la Tercera República.
- La cesión a Alemania de Alsacia y Lorena, territorios con 1,6 millones de habitantes, lo que sembró futuras tensiones.
- El Imperio Alemán se convirtió en la potencia continental dominante en Europa.