La Batalla del Somme se ha convertido en sinónimo de locura militar y derramamiento de sangre sin sentido, aunque en su momento existían razones estratégicas para lanzar el asalto masivo. El equilibrio militar favorecía al defensor, pero parecía no haber otra forma de romper el estancamiento.
Datos de la batalla
- Quiénes: El Cuarto Ejército británico, apoyado por el Tercer Ejército británico y el Sexto Ejército francés, contra el Segundo Ejército alemán.
- Cómo: Tras una enorme acumulación de artillería, las fuerzas británicas y francesas atacaron las posiciones alemanas, obligando a costosos contraataques para recuperar terreno.
- Dónde: Entre los ríos Somme y Ancre, en el frente occidental de Francia.
- Cuándo: Del 1 de julio al 18 de agosto de 1916.
- Por qué: Con la guerra estancada y el enemigo atrincherado en territorio aliado, era necesario recuperar la iniciativa y aliviar la presión sobre Rusia y Verdún.
- Resultado: Pocas ganancias territoriales, pero el ejército alemán perdió a muchos de sus mejores hombres y, posteriormente, se retiró a la línea Hindenburg.
Antecedentes
Al inicio de la Primera Guerra Mundial, los estrategas militares anticipaban una guerra de maniobras en la que la caballería seguiría siendo la fuerza de ataque principal. En el frente oriental se observaron breves episodios de combate tradicional, pero en el oeste quedó claro que el defensor tenía una ventaja abrumadora. Las mejoras en el alcance y la precisión de los rifles de infantería, sumadas a la aparición de ametralladoras y cañones de largo alcance, convirtieron los asaltos de infantería y caballería en operaciones extremadamente peligrosas. El frente occidental se transformó en una especie de asedio, con trincheras fortificadas y alambre de púas que dificultaban cualquier avance.
Entre ofensivas mayores, la guerra se redujo a una sucesión de ataques y contraataques en los que la artillería bombardeaba las trincheras enemigas. Los soldados que defendían las líneas vivían en condiciones deplorables, atrapados en zanjas embarradas bajo un constante bombardeo del que no podían responder. Esta situación generó una profunda crisis moral en ambos bandos.
Varios factores obligaron a los Aliados a actuar: la presencia de tropas alemanas en suelo aliado hacía inviable seguir a la defensiva; la presión sobre Verdún exigía aliviar a los franceses; y la necesidad de reducir la carga sobre Rusia. En enero de 1916 se formuló un plan que, aunque costoso en material y vidas, los Aliados creían realizable.
El plan
El principal impulsor fue el mariscal francés Joseph Joffre, que demandaba una ofensiva en el Somme. El comandante británico, el general Sir Douglas Haig, prefería atacar en Flandes, donde el terreno era más favorable, y quería esperar la llegada de refuerzos y de la nueva generación de tropas del Imperio. Además, se anticipaba la posible utilización de un arma secreta: el tanque.
Joffre no quiso esperar. Propuso inicialmente que dos ejércitos franceses participaran, pero la lucha en Verdún redujo su disponibilidad a 16 divisiones. El resto tendría que provenir del ejército británico. Finalmente, se acordó iniciar la ofensiva el 1 de julio de 1916 con 21 divisiones, reservando tres de infantería y cinco de caballería para explotar cualquier éxito.
Fortalezas alemanas
Aunque el sector del Somme había permanecido relativamente tranquilo, los alemanes habían reforzado continuamente sus defensas. Trincheras, puestos fortificados, refugios, cocinas, lavanderías y pequeñas centrales eléctricas formaban un complejo defensivo difícil de detectar. Los atacantes tenían que cruzar tierras bajas y ascender colinas para alcanzar la primera línea alemana, que a su vez estaba protegida por una segunda línea más alta.
Los alemanes disfrutaban de excelentes campos de visión, amplios depósitos de municiones y numerosas armas pesadas. Además, la seguridad operativa aliada era deficiente; los comentarios de oficiales británicos y franceses filtraban información a la inteligencia alemana, que ya había anticipado la fecha del asalto.
Durante los seis días de bombardeo previo se dispararon 1,75 millones de proyectiles, pero la artillería no logró destruir el alambre de púas ni los refugios. El barro y las lluvias convertían el terreno en un lodazal que dificultaba aún más el avance.
El primer día
El asalto comenzó a las 07:30 del 1 de julio, tal como los alemanes habían previsto. Las unidades británicas avanzaron en largas filas, intentando abrir paso entre el alambre de púas. Los informes iniciales de Haig eran optimistas, pero la realidad mostraba que los soldados eran diezmados a pocos metros de sus trincheras o atrapados en los restos del alambre.
Las fuerzas francesas, bajo el mando del general Fayolle, emplearon tácticas más flexibles y sufrían menos bajas, pero tampoco lograron crear una brecha significativa en las líneas alemanas.
Bajas y horror
En el primer día murieron 57.470 soldados británicos, casi 20.000 de los cuales fueron muertos. Solo 585 fueron capturados, ya que pocos lograron acercarse a las trincheras alemanas. Algunas unidades, como el 1.º Regimiento de Newfoundland de Canadá, fueron prácticamente aniquiladas. De los 200 batallones que atacaron, sólo cinco lograron llegar a las posiciones enemigas; el resto quedó atrapado en tierra de nadie.
El regimiento irlandés de Tyneside, con unos 3.000 hombres, sufrió casi el 100 % de bajas. Algunas formaciones fueron tan castigadas que, al ver la carnicería, los defensores dejaron de disparar, permitiendo que los sobrevivientes se retiraran.
Guerra de desgaste
Aunque hasta un 20 % del ataque había sido eliminado, los Aliados continuaron presionando para aliviar a Rusia y a Verdún. Los alemanes también sufrieron pérdidas, pero la relación de bajas seguía siendo desfavorable para los británicos.
Durante dos semanas el avance fue mínimo. El 14 de julio, tropas francesas y británicas lograron pequeñas ganancias en los flancos del río Somme, pero el costo fue enorme. En julio y agosto, 42 divisiones alemanas fueron movilizadas en el sector, y las contraofensivas alemanas provocaron más bajas.
Al finalizar julio, las bajas alcanzaron 200.000 para los Aliados y 160.000 para los alemanes; los avances sumaban apenas 5 km. En agosto la situación no cambió sustancialmente.
Nuevas ideas: los tanques
Para superar el alambre y las ametralladoras, los Aliados introdujeron una arma novedosa: el tanque. Existían dos variantes, los “machos” con cañones de 6 lb y los “hembras” equipados solo con ametralladoras. Eran lentos, propensos a averías y requerían tripulaciones numerosas, pero podían cruzar trincheras y romper el alambre.
Se desplegaron 36 tanques; sólo 18 entraron en acción porque el resto se averió. Su aparición sorprendió a los alemanes y permitió a los británicos ganar 3.200 m con relativamente pocas bajas. Sin embargo, la mayoría de los tanques fueron destruidos o inmovilizados por la artillería. Los tanques no resultaron decisivos en el Somme, aunque su uso sentó las bases para la ofensiva de Cambrai en 1917.
Fin de la ofensiva
Con el empeoramiento del clima, los ataques continuaron hasta el 19 de noviembre, cuando se suspendió la operación. Para entonces los Aliados habían avanzado apenas 11 km a lo largo de un frente de 32 km. Las bajas totales ascendieron a 419.654 británicos y 194.541 franceses, mientras que el ejército alemán sufrió unas 650.000 bajas, lo que debilitó gravemente su moral y su capacidad de combate.
Consecuencias
La Batalla del Somme minó la confianza del ejército británico y marcó el fin de la carrera militar de Joffre; sin embargo, Haig fue ascendido a mariscal de campo. El conflicto es recordado como la mayor carnicería de la historia militar británica, aunque logró algunos de sus objetivos estratégicos. El enorme desgaste obligó al ejército alemán a retirarse a la línea Hindenburg en febrero de 1917, donde permanecería hasta el final de la guerra.