Introducción
La Batalla de Montaña Blanca (7 de noviembre de 1620) marcó el fin de la primera fase, conocida como la fase bohemia, de la Guerra de los Treinta Años (1618‑1648). Fue el primer enfrentamiento importante entre las fuerzas imperiales y una coalición protestante fuera de Praga.
Antecedentes religiosos y políticos
El conflicto tuvo sus raíces en el Tratado de Augsburgo (1555), que concedió a cada príncipe del Sacro Imperio la libertad de decidir la religión de sus territorios. Con el tiempo surgieron nuevas confesiones, como el calvinismo, que el tratado no contemplaba. El intento de la Contrarreforma, impulsado por el Vaticano y España, se encontró con la ambición política de potencias como Francia, que apoyó a los protestantes para debilitar a los Habsburgo.
En el Imperio, el Colegio de Príncipes electores estaba compuesto por católicos, calvinistas y luteranos, lo que generó temores de que los protestantes pudieran llegar al trono imperial. Maximiliano I de Baviera fundó la Liga Católica y el Elector Federico del Palatinado encabezó la Unión Protestante.
La revolución bohemia
Tras la muerte del emperador Rodolfo II (1612), su hermano Matías ascendió al trono y mantuvo los privilegios protestantes, lo que disgustó a los católicos conservadores. En 1617, el nuevo rey de Bohemia, Fernando, envió a dos consejeros católicos a Praga. El noble protestante Heinrich Matthias von Thurn consideró esta medida una amenaza y, el 23 de mayo de 1618, arrojó a los emisarios al vacío del Castillo de Praga. Los oficiales sobrevivieron al caer en un foso lleno de escombros, pero el incidente encendió la revuelta.
Los nobles protestantes formaron un dietario propio, destituyeron a Fernando y proclamaron a Federico del Palatinado como rey de Bohemia en noviembre de 1619. Sin embargo, su apoyo externo fue limitado: los Países Bajos enviaron dos regimientos, Inglaterra ofreció mediación y Francia permaneció neutral.
Escalada del conflicto
Ambas partes reclutaron mercenarios y voluntarios. Los protestantes contaron con los suizos de Mansfeld, los alemanes y húngaros; los imperiales, con tropas del conde de Bucoy y del general Dabier. A lo largo de 1619‑1620 se sucedieron asedios y escaramuzas en ciudades como Pilsen, Badweis y Krumau, sin que ninguno de los bandos lograra una victoria decisiva.
En marzo de 1620 el emperador Fernando II falleció y fue sucedido por su sobrino Fernando III. Los bohemios rechazaron a este nuevo monarca y ofrecieron la corona a Federico del Palatinado, quien aceptó y movilizó un ejército de 25 800 hombres.
Preparativos para la batalla
Los imperiales, reforzados por la Liga Católica bajo Maximiliano de Baviera y el conde de Tilly, concentraron más de 35 000 soldados en Baja Austria. La coalición protestante, pese a su número, sufría de falta de pago y de disciplina; muchos mercenarios desertaron y una epidemia de tifus azotó ambos bandos.
Batalla de Montaña Blanca
El 7 de noviembre de 1620, los ejércitos se enfrentaron en el bajo terreno llamado Montaña Blanca, cerca de Praga. La posición protestante era una colina de unos 60 m de altura con una serie de fortificaciones improvisadas. El ejército católico, comandado por el conde de Tilly y Maximiliano, disponía de superioridad en caballería ligera húngara y de una artillería mejor posicionada.
Tras tres horas de intercambio de disparos, los católicos lanzaron una carga de caballería que desbarató la línea izquierda protestante. La falta de entrenamiento de la infantería protestante y la escasa artillería provocaron una rápida desorganización. La caballería de Tilly persiguió a los desertores, mientras que la infantería protestante se retiraba en desorden hacia Praga.
Las bajas fueron desproporcionadas: los imperiales perdieron alrededor de 650 hombres; los protestantes sufrieron entre 4 000 y 7 000 muertos, heridos y prisioneros, además de numerosos desertores que perecieron al intentar cruzar el río Moldava.
Consecuencias
La victoria católica consolidó el dominio de los Habsburgo en Bohemia. Federico del Palatinado fue depuesto y Fernando III quedó como rey legítimo. La derrota marcó el fin de la fase bohemia y dio inicio a una etapa más intensamente internacional del conflicto, con la participación de Dinamarca, Suecia y, más tarde, Francia.
La batalla también mostró cómo la falta de organización y la mala gestión de los recursos pueden determinar el resultado, aun cuando un bando tenga ventajas numéricas o de equipamiento.
Legado
Montaña Blanca es recordada como el primer derramamiento de sangre significativo de la Guerra de los Treinta Años y como el punto de inflexión que transformó un conflicto regional en una guerra europea de proporciones devastadoras.