Una pionera en la literatura medieval
Ser la primera en abrir un camino suele generar mucho debate. En este caso analizaremos a la mujer que la tradición considera la primera escritora profesional de Occidente: la veneciana Christine de Pizán. Su obra influyó en los renacimientos francés, portugués y neerlandés.
Antecedentes femeninos
Como ocurre habitualmente, Christine no fue la primera mujer en escribir. Ya en el III milenio a.C. la sacerdotisa acadia Enheduanna compuso Nin-Me-Sar-Ra (o Exaltación de Inanna). En la Antigüedad también destacan Sáfira de Mitilene, las monjas alemanas Hroswitha de Gandersheim y Hildegarda de Bingen, y las trobairitz medievales como María de Ventadorn o la condesa de Dia.
Una vida marcada por la educación y la pérdida
Christine nació en Venecia en 1364, hija del renombrado astrólogo y físico tommaso di Benvenuto da Pizzano (Tomás de Pizán), quien fue canciller de la Serenísima República y sirvió en la corte del rey francés Carlos V el Sabio. Creció en un ambiente elitista que le permitió dominar el francés, el italiano y el latín, y familiarizarse con los clásicos que pronto alimentarían el Renacimiento.
En 1379 contrajo matrimonio con Étienne du Castel, secretario real. El matrimonio fue feliz pero breve: el rey murió al año siguiente y su sucesor no necesitó los servicios de Étienne, lo que redujo drásticamente sus ingresos. En menos de una década Christine quedó viuda, perdió también a su padre y quedó al cuidado de tres hijos, además de enfrentarse a litigios para reclamar los salarios atrasados de su esposo.
El inicio de una carrera literaria
Gracias a su excelente educación, Christine comenzó a publicar poemas románticos y canciones que conquistaron a la nobleza. Recibió el patrocinio de los duques de Borgoña y, más tarde, de los duques de Berry, Brabante y Limburgo.
Su poesía llegó a la familia real: en 1402 alabó a la reina Isabel de Baviera por su regencia, dedicó Le Livre des trois vertus a Margarita de Borgoña y honró a Carlos V en Le Livre des Fais et bonnes meurs du sage roy Charles V. También escribió a Luis de Orleans (L'Épistre de Othéa à Hector), obra que se reeditó para mecenas como Enrique IV de Inglaterra.
Obras didácticas y de política
Entre sus escritos destacan Livre de la mutation de fortune, Le Chemin de long estude y Livre du Corps de policie, donde reflexiona sobre la justicia, el buen gobierno y la naturaleza del poder. En 1410 redactó Livre des fais d’armes et de chevalerie, un manual de leyes de guerra que rechaza los juicios por combate, y tres años después completó Livre de la paix, reiterando su preocupación por la buena gobernanza.
En 1414 entregó a la reina una antología ilustrada con casi ciento cincuenta miniaturas y, en 1418, publicó Epistre de la prison de vie Humaine, consuelo para las mujeres que habían perdido familiares en la batalla de Agincourt.
Los últimos años y la muerte
Desilusionada por la guerra civil, Christine ingresó en el convento dominico de Poissy, donde permaneció diez años sin escribir. Sólo en 1429, tras la victoria francesa y la coronación de Carlos VII, volvió a la pluma con Ditié de Jehanne d'arc, presentando a Juana de Arco como cumplimiento de profecías antiguas.
Murió dentro del convento en 1430, a los 65 años, poco antes de que la heroína francesa fuera juzgada y quemada en la hoguera.
Una precursora del feminismo
Cuatro de sus libros generaron una polémica que la consagró como una de las primeras feministas: L’Épistre au Dieu d’amours, L’Avision de Christine, Le Livre de la cité des dames y Le Livre des trois vertus. En la Querelle des femmes, Christine atacó el Roman de la Rose de Jean de Meung, acusándolo de misoginia y respondiendo con una serie de obras que defendían la dignidad y la educación de la mujer.
Argumentó que, según la teología augustiniana, las mujeres fueron creadas a imagen de Dios al igual que los hombres, y que la exclusión de la vida intelectual era la verdadera causa de su supuesta inferioridad. Incluso encargó ilustraciones a una artista anónima conocida solo como Anastasia, cuyo nombre aparece en Le Livre de la cité des dames.
Simone de Beauvoir citó a Christine en Le Deuxième Sexe, reconociéndola como una figura clave en la historia del feminismo.