Contexto a inicios de 1945
En enero de 1945, mientras los combates en la zona de Ardenas y Alsacia‑Lorena continuaban, el Ejército Rojo lanzó su penúltimo gran asalto contra Alemania. Las fuerzas soviéticas llegaron a menos de 60 km de Berlín, la capital del "Reich de mil años".
El jefe del Estado Mayor del Alto Mando del Ejército (OKH), el general Heinz Guderian, había advertido que el ejército alemán sería arrasado si Hitler persistía en la ofensiva de las Ardenas y en los inútiles ataques en Alsacia‑Lorena. La nieve se derritía y la presión soviética disminuía ligeramente, lo que dio un breve respiro al frente alemán hasta el 16 de abril.
El fracaso de Himmler y la llegada de Heinrich
Para intentar contener la crisis, Hitler creó un nuevo Grupo de Ejércitos, el "Ejército del Vístula". En un acto de paranoia, lo puso bajo el mando del líder de las SS, Heinrich Himmler, a quien no se le había enseñado nada de arte militar. Himmler perdió Pomerania y quedó atrapado con el 2.º Ejército.
Ante el desastre, Guderian logró que Hitler relevara a Himmler y nombrara al general Heinrich (59 años), conocido por su profunda fe cristiana y su integridad moral, como comandante del Ejército del Vístula.
Perfil de Heinrich
Heinrich provenía de una familia militar que servía a Alemania desde el siglo XII. Era bajo, de barba, gafas, y vestía un abrigo de piel de oveja heredado de la Primera Guerra Mundial. Había sido herido tres veces en la Gran Guerra y recibió numerosas condecoraciones.
En la Segunda Guerra Mundial comandó el XII Cuerpo de Ejército en Francia, el XXIII Cuerpo en la Operación Barbarroja (llegó a Tula, al sur de Moscú) y, durante la contraofensiva soviética de invierno, dirigió el 4.º Ejército, manteniéndose firme pese a las órdenes de no retroceder.
Su rechazo a destruir la ciudad de Smolensk en 1943 le valió el despido, aunque evitó la corte marcial gracias a la intervención de Himmler. Más tarde fue llamado de nuevo al frente, primero a Hungría y después a Berlín para administrar la Línea del Vístula.
Estado de las fuerzas alemanas en abril de 1945
Al asumir el mando, Heinrich constató que el 3.º Ejército Panzer y el 9.º Ejército estaban prácticamente desarmados. El 3.º Ejército Panzer apenas contaba con unos pocos tanques y cañones de caza; la mayor parte de sus unidades pertenecían al 11.º Ejército SS, que había sido prácticamente desmantelado.
Los cañones antiaéreos se habían usado como armas de tierra, sin cubrir los “puntos muertos” del frente. Además, las tres divisiones panzer que servían de reserva fueron enviadas a reforzar al general Scherner en Checoslovaquia bajo la creencia de Hitler de que “los rusos no atacarían Berlín”.
Cuando el general Goering ofreció 100 000 hombres de la Luftwaffe, Heinrich advirtió que esos hombres carecían de entrenamiento de infantería. Lo mismo ocurrió con los marineros y los miembros de la SS no combatiente. Incluso la 9.º División de Paracaidistas, bajo el mando de Geiring, estaba en condiciones lamentables.
El ataque soviético del 16 de abril
El 16 de abril, más de 16 000 cañones, lanzacohetes y morteros soviéticos bombardearon la posición del 9.º Ejército, que defendía la zona de Frankfurt‑Oder hasta las alturas de Zeelov, punto de enlace con el 3.º Ejército Panzer.
Gracias a la rápida evacuación que Heinrich ordenó la noche anterior, las tropas alemanas pudieron tomar posiciones defensivas antes de que el ataque alcanzara su máximo potencial. Sin embargo, la ofensiva del mariscal Zhukov, apoyada por tanques y artillería, rompió rápidamente el flanco derecho del 9.º Ejército.
La respuesta de Heinrich
Heinrich intentó reforzar la defensa con la 18.º División SS y con las únicas divisiones de combate que quedaban bajo el mando de Steiner: la 23.º SS "Nederland" y la 11.º SS "Nordland". La 18.º División Aérea fue derribada por la Fuerza Aérea Roja antes de poder entrar en acción, y la "Nordland" llegó con un día de retraso, demasiado tarde para cambiar el curso de la batalla.
Ante la inminente ruptura, Heinrich ordenó la retirada del 9.º Ejército el 15 de abril, evitando que fuera rodeado por las fuerzas de Konev y Zhukov.
El mito de la ofensiva Steiner
Hitler, convencido de que la “ofensiva Steiner” salvaría a Berlín, ordenó al general Felix Steiner que atacara con cinco divisiones de la Luftwaffe, la Marina y la SS. En realidad, Steiner sólo disponía de cuatro unidades, todas ellas muy debilitadas y sin armamento suficiente.
El 21 de abril, Hitler llamó a Steiner al bunker y le dio la orden de lanzar el ataque, bajo la amenaza de muerte si fracasaba. Steiner explicó que no tenía tropas aptas para una ofensiva terrestre; sin embargo, Hitler se negó a aceptar la realidad y mantuvo la orden.
El colapso final y la caída de Berlín
El 20 de abril, el frente soviético había dividido la zona norte‑sur de Berlín y estaba rodeando la ciudad. En el bunker, Hitler recibió informes contradictorios: la SS afirmaba que el ataque se había lanzado, mientras que la Luftwaffe decía lo contrario. La confusión provocó una crisis de ira en el Führer.
Los generales Krebs, Guderian (reemplazado por Krebs) y otros intentaron convencer a Hitler de permitir la retirada del 9.º Ejército, pero él insistió en que se mantuviera la posición. Finalmente, el 22 de abril, la 12.º División, que defendía la ribera oriental del Elba, fue ordenada a avanzar hacia Berlín, una esperanza que nunca se materializó.
El 23‑25 de abril, los intentos de los generales Haenisch y Mandofel por reorganizar la defensa fueron inútiles; la 9.º Ejército quedó aislada con apenas 40 000 hombres. El 27 de abril, el general Haenisch se negó a ejecutar la orden de “no retroceder” y solicitó permiso para retirarse, pero fue ignorado.
El 30 de abril, con Berlín rodeado y sin refuerzos, la última gran batalla del conflicto en el teatro europeo concluía. Las decisiones irracionales de Hitler y la falta de tropas entrenadas sellaron el destino del Reich milenario.
Conclusión
Heinrich representa la excepción dentro del liderazgo nazi: un oficial cristiano, honesto y comprometido con la vida de sus hombres, que intentó, sin éxito, organizar una defensa realista frente al avance soviético. Su historia muestra cómo la obstinación de Hitler y la escasez de recursos provocaron la destrucción de las fuerzas alemanas en los últimos días de la guerra.
Heinrich con sus gafas.
El general Haenisch (a la izquierda).
Hitler y sus oficiales.