
El contexto posterior a la Primera Guerra Mundial
Tras la derrota, Alemania se vio obligada a firmar el Tratado de Versalles, un acuerdo que, según muchos historiadores, anticipó un nuevo conflicto. Los Aliados impusieron condiciones extremadamente duras, pero pronto dejaron de cumplirlas.
Ya en el otoño de 1920 la situación militar comenzó a cambiar cuando el general von Zecht asumió el mando de las Fuerzas Armadas alemanas, convirtiéndose en el artífice de la reconstitución del poder bélico del país.
Von Zecht y la ayuda soviética
En 1921 creó, dentro del Ministerio de Defensa, un nuevo Servicio de Aviación. Ese mismo diciembre envió a oficiales del antiguo cuerpo aéreo del Kaiser a la Unión Soviética, pidiéndole a Lenin que les permitiera reconstruir la fuerza aérea alemana lejos de los ojos vigilantes de los Aliados.
Un año después, el Tratado de Rapallo abrió la puerta a una cooperación técnica: los soviéticos cedieron a los alemanes un pequeño aeródromo en Lipetsk, a unos 300 km al sureste de Moscú. Allí se forjó la espada que, pocos años después, casi decapitaría a la URSS.
Diariamente, decenas de barcos cargados de material aeronáutico zarpaban de Prusia Oriental hacia lo que entonces era Leningrado; los soviéticos trasladaban el cargamento a Lipetsk. Simultáneamente, 200 aviadores alemanes volaban a la URSS en aviones civiles bajo la excusa de "recreación".
Desarrollo clandestino de la aviación alemana
En Alemania, bajo la fachada de los deportes aéreos y la aviación civil, Zecht y jóvenes fabricantes – futuros legendarios – abastecían a la recién creada Fuerza Aérea secreta. El primer avión de "guerra" fue el Heinkel He 17, seguido por los He 18 y He 21, pequeños dípoles presentados como aviones acrobáticos o recreativos y aprobados por los controladores aliados.
En estos aviones se formó la nueva generación de pilotos que, bajo la tutela de Zecht, eran enviados a Rusia para entrenarse. Junto a Heinkel, surgieron empresas como Dornier, Jungers y Arado, todas trabajando oficialmente en aviación civil mientras diseñaban en secreto aviones militares.
Willy Messerschmitt también hizo su aparición con el biplano ligero Me 17. Todos los proyectos contaban con el respaldo del Ministerio de Defensa y de Zecht, quien transformó la Dirección de Aviación del Ministerio en un Estado Mayor de Aviación General clandestino. Este pequeño equipo definía especificaciones, elegía pilotos y supervisaba su entrenamiento en la URSS.
El renacer de la Luftwaffe
En noviembre de 1925, la muerte del legendario piloto Manfred von Richthofen volvió a avivar la pasión por la aviación. El cuerpo del "Barón Rojo" fue trasladado desde Fricourt, Francia, a su tierra natal, un acto que contó con la presencia del presidente del Reich, el mariscal von Hindenburg, y motivó a muchos jóvenes a unirse a la futura Luftwaffe.
Aunque la República de Weimar fue criticada por su supuesta traición, bajo la guía de Zecht logró que la industria aeronáutica alemana diera saltos cualitativos. A pesar de la crisis económica, Alemania contaba con 30 aerolíneas equipadas con aviones de fabricación nacional. Al final de la década, la fusión de varias compañías dio origen a Lufthansa.
La era Milch
Erhard Milch, veterano de la Primera Guerra Mundial y ejecutivo de Junkers, fue nombrado gerente general de Lufthansa por recomendación del Ministerio de Defensa. Con gran dedicación, reunió a cientos de pilotos veteranos, creando una reserva de futuros aviadores de la Luftwaffe.
Violando el Tratado de París de 1926, que limitaba la formación de pilotos, Milch entrenó tanto a veteranos como a nuevos reclutas, impulsando una verdadera fiebre de la aviación entre los jóvenes alemanes. Clubes de acrobacia y escuelas de planeadores proliferaron por todo el país, dejando claro que Alemania avanzaba a paso firme hacia el renacimiento de su fuerza aérea, aunque los gobiernos aliados no percibían la amenaza.
El ascenso de Hitler y la oficialización de la Luftwaffe
En 1933, Adolf Hitler llegó al poder. Veterano de la Gran Guerra, rodeado de figuras como Hermann Göring, un as con 22 bajas bajo el mando de von Richthofen, vio en la aviación un multiplicador de fuerza esencial para su visión de una Alemania revitalizada.
Hitler creó el Ministerio de Aviación y lo entregó a Göring, quien, pese a su legado negativo, dejó una huella indeleble en la estructura de la Luftwaffe.
Mientras el Tratado de Versalles seguía vigente en papel, Alemania lo violaba sistemáticamente. En 1928 ya operaba el Heinkel He 38, un caza biplano con dos ametralladoras sincronizadas de 7,92 mm y una velocidad de 290 km/h. Le siguieron el He 49, el avión de cooperación militar He 45 y el hidroavión He 59.
Empresas civiles transformaron sus modelos en armas: el transportador Do F se convirtió, con ligeras modificaciones, en el primer bombardero alemán Do 23; Junkers adaptó el Ju 52 de pasajero a bombardero, y el famoso "Annie" participó con éxito en la Guerra Civil española.
Milch, tras repudiar el tratado, impulsó simultáneamente la producción de aviones de combate y la formación de tripulaciones, mientras el Estado concedía créditos a la industria aeronáutica. En un año, el número de trabajadores especializados pasó de 4 000 a más de 20 000.
El plan Rhineland y la fachada de poder
En 1934 se elaboró el programa "Rhineland", destinado a presentar al mundo una Luftwaffe poderosa. La fase inicial contemplaba la fabricación de 4 029 aeronaves, de las cuales 1 863 serían de combate, bajo el nombre de "Luftwaffe peligrosa".
El plan incluía 822 bombarderos, 590 aviones de cooperación militar, 251 cazas, 51 bombarderos de ataque vertical, 1 760 entrenadores y 400 aviones de misiones diversas. Para septiembre de 1935 el programa estaba prácticamente completado.
Aunque muchos de los aviones, incluso los de primera línea, eran obsoletos (biplanos Ar 65, He 49/51, He 70, Ju 86, Fw 58, He 50 y Hs 123), la exhibición de una fuerza aérea numerosa logró convencer a posibles adversarios de que Alemania ya poseía superioridad aérea sobre las repúblicas occidentales y Polonia.