Historia antigua

Segunda Guerra Sino‑japonesa (1937‑1945): la primera sangre de la Segunda Guerra Mundial

Segunda Guerra Sino‑japonesa (1937‑1945): la primera sangre de la Segunda Guerra Mundial

Introducción

En Asia Oriental, la Segunda Guerra Mundial comenzó en julio de 1937 con la invasión japonesa del territorio continental chino. Japón, país montañoso y con escasa tierra cultivable, había visto crecer su población de 30 millones en 1868 a 65 millones en 1930, lo que obligó a triplicar sus importaciones de arroz entre 1910 y 1930. La crisis financiera de 1929 agravó la situación al afectar las exportaciones manufactureras y a los aranceles impuestos por EE. UU. y Europa mediante la Ley Smoot‑Holley de 1930.

Con un fuerte sentimiento nacionalista, Japón consideró la expansión territorial como la única salida para garantizar la supervivencia de su población. Sin embargo, esta postura dividió a la élite japonesa: los nacionalistas defendían la expansión, mientras que los moderados temían el enfrentamiento con las potencias occidentales y la Liga de Naciones (LN). Japón abandonó la LN en 1933 tras las resoluciones contra sus agresiones en Manchuria (1931) y Shanghai (1932).

El incidente del Puente de Marco Polo

El 7 de julio de 1937, durante un ejercicio militar japonés cerca del Puente de Marco Polo, al norte de Beijing, los japoneses alegaron haber sido disparados por soldados chinos y solicitaron permiso para entrar en una fortaleza china en busca de un soldado desaparecido. Los chinos negaron el acceso. Este pretexto sirvió a Japón para intensificar los combates, que en pocos días se convirtieron en una ofensiva a gran escala que abarcó desde Tianjin hasta Beijing.

Operaciones militares 1937‑1938

Chiang Kai‑shek había pospuesto la guerra durante años, concentrándose en suprimir a los comunistas y modernizar el ejército. El 11 de agosto de 1937 ordenó a sus tres mejores divisiones, equipadas con armas alemanas y entrenadas por el general Alexander von Falkenhausen, atacar a los japoneses en Shanghai. Un intento de bombardeo aéreo contra la flota japonesa fracasó, pues los japoneses ya habían descifrado los códigos de comunicaciones chinos.

La Batalla de Shanghai (agosto‑noviembre 1937) duró tres meses; la resistencia china finalmente colapsó y el 13 de noviembre la capital, Nankín, cayó sin defensa. Lo que siguió fueron seis semanas de atrocidades conocidas como la "Masacre de Nankín", con estimaciones de entre 200.000 y 300.000 muertos.

En mayo de 1938 Japón unificó sus frentes del noreste y del bajo Yangtsé, avanzó hacia Wuhan y, tras la caída de esa ciudad en octubre, Chiang trasladó su gobierno a Chongqing, en la provincia de Sichuan.

Política japonesa y gobiernos títeres

Japón no buscaba la desintegración total de China, sino una China unificada bajo su hegemonía y la creación de regímenes títeres, como el Gobierno Provisional del Norte de China (1937) y el Gobierno Reformado de Nankín (1938). Estos justificaban su colaboración como medio para evitar mayores bajas.

Apoyo extranjero a China

La Unión Soviética, bajo Stalin, suministró a Chiang aproximadamente 1.000 aviones, 2.000 pilotos voluntarios y ayuda material por valor de 250 millones de dólares. Francia otorgó un préstamo de 5 millones de dólares para la construcción de un ferrocarril que conectaba la Indochina francesa con el territorio nacionalista.

Campañas japonesas 1939‑1942

En septiembre de 1939 Japón lanzó una gran ofensiva contra Changsha, capital de Hunan, que fue repelida por las fuerzas nacionalistas. Ante la imposibilidad de forzar la capitulación china, Japón intensificó su bloqueo económico, cortando rutas ferroviarias con Indochina y la carretera de Birmania.

En agosto de 1940 el Ejército Popular de Liberación (EPL) bajo Peng Dehuai atacó líneas ferroviarias en el norte ocupado, obligando a los japoneses a responder con la política de los "tres todo": matar, quemar y saquear, devastando aldeas enteras.

El 27 de septiembre de 1940 Japón firmó el Pacto Tripartito con Alemania e Italia, lo que llevó a Gran Bretaña a reabrir la carretera de Birmania en julio de 1940 y a EE. UU. a comprometerse a entrar en la guerra si Japón atacaba colonias británicas o neerlandesas. Roosevelt incluyó a China en el programa de ayuda Lend‑Lease y, en abril de 1941, autorizó la creación de los "Flying Tigers", escuadrón aéreo voluntario bajo el coronel estadounidense Claire Chennault.

Decisión de atacar a EE. UU.

El embargo estadounidense de petróleo obligó a Japón a buscar los campos petrolíferos de Indonesia. El 7 de diciembre de 1941 Japón atacó Pearl Harbor, iniciando su expansión en el Sudeste Asiático y el Pacífico.

Participación estadounidense en China (1942‑1943)

Con la caída de Birmania, la única vía de suministro a China era la ruta aérea sobre el Himalaya ("Hump"). EE. UU. entregó 630 millones de dólares en ayuda y 500 millones de dólares en préstamos, nombrando al general Joseph Stilwell para supervisar la asistencia. Sin embargo, la mayor parte del ejército nacionalista estaba bajo control local; solo 40 de 300 divisiones respondían directamente a Chiang.

Chennault desarrolló una estrategia de bombardeos contra bases japonesas en China y la propia flota japonesa en los mares chinos, mientras que Chiang limitaba el uso de sus tropas para conservarlas para el futuro conflicto con los comunistas.

Operaciones finales y fin de la guerra

En 1944 los japoneses lanzaron la Operación Ichi-Go, buscando un corredor terrestre desde la Indochina hasta Corea y destruir las bases aéreas de Chennault. La ofensiva logró su objetivo estratégico, pero agotó recursos japoneses y fortaleció la presión aliada.

Tras la rendición de Japón el 14 de agosto de 1945, tras los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, la guerra en China concluía, dejando más de 15 millones de muertos y una China devastada.

Segunda Guerra Sino‑japonesa (1937‑1945): la primera sangre de la Segunda Guerra Mundial

Fuentes:
• H. Papasotiriou, China: de la dinastía celestial a la superpotencia del siglo XXI, Editorial Calidad.
• The Cambridge History of China, Volume 13: Republic China 1912‑1949, Part 2, Cambridge University Press.