Un estudio reciente de la Universidad de Duke afirma que un casco francés de la Primera Guerra Mundial protege al cerebro contra la onda de choque de una explosión mejor que los cascos usados hoy por el ejército de EE. UU., a un siglo de distancia.
Los investigadores compararon tres modelos de la Gran Guerra con los cascos actuales del ejército estadounidense y concluyeron que el casco francés Adrian, introducido en 1915, ofrece una protección superior contra explosiones.
Características del casco Adrian
El Adrian se diseñó para reducir las lesiones craneales, una de las principales causas de bajas en el frente. Aunque no podía detener balas de fusil o ametralladora, su característica más distintiva era una cresta metálica en la parte superior, pensada originalmente para amortiguar fragmentos de metal y que, según el estudio, también atenúa las ondas de choque.
Metodología del estudio
Se probaron cuatro tipos de casco bajo una presión equivalente a la que puede provocar una hemorragia cerebral: el casco británico sin cresta (Brodie), el casco alemán Stahlhelm (también usado en la II Guerra Mundial), el casco francés Adrian y el casco táctico moderno de EE. UU.
Los resultados mostraron un riesgo de lesión grave del 50 % sin casco; menos del 10 % con los cascos alemán y británico; 5 % con el casco moderno estadounidense y apenas 1 % con el casco Adrian.
Implicaciones
«Lo sorprendente es que el Adrian está hecho con los mismos materiales que los cascos alemán y británico, pero es más delgado», señaló Jost Opt Eide, coautor del estudio. «La diferencia clave es la cresta superior, que originalmente se incorporó para proteger contra fragmentos, pero también parece disipar las ondas de choque». El equipo recomienda rediseñar los cascos actuales para incluir una característica similar.