El culto a la personalidad de Stalin
El líder soviético Josef Stalin fue elevado al nivel de deidad terrenal por el propio régimen y sus seguidores. Se le presentaba como un mariscal infalible, teórico del socialismo y el hombre perfecto, mientras que las millones de víctimas de sus políticas eran ignoradas o minimizadas.
Los crímenes ocultados
La hambruna provocada deliberadamente en Ucrania, las purgas, los gulags, los juicios‑falso y los desastrosos errores militares al inicio de la Operación Barbarroja fueron borrados de la narrativa oficial para mantener intacta la imagen del “gran mariscal”.
Un ejemplo de propaganda
El siguiente fragmento, extraído de una película soviética de 1950, muestra cómo se manipuló la historia para el público. En la escena, Stalin supuestamente visita a los soldados soviéticos en un aeródromo de Berlín recién conquistado y es recibido por prisioneros de campos de concentración alemanes.
En la realidad Stalin nunca estuvo en Berlín después de la rendición; la filmación es una reconstrucción.
¿Dónde está Zhukov?
En la misma escena se felicita al general Chuikov, al mariscal Koniev y al mariscal Rokossovskij, pero el mariscal Georgy Zhukov, quien dirigió la toma de Berlín, no aparece. Su ausencia evidencia el control de la información y la manipulación de los héroes aceptables para el régimen.
La contradicción del ateísmo “socialista”
Curiosamente, aunque el Estado soviético proclamaba el ateísmo, trataba a Stalin con un fervor casi religioso, usando incienso y rituales que contrastaban con la doctrina oficial.
En definitiva, la propaganda soviética convirtió a un asesino de millones en un “dios” y borró de la memoria colectiva a quienes realmente habían ganado la guerra.