Durante la Gran Depresión de los años 30, los migrantes disponían de recursos escasos y necesitaban ropa práctica, resistente y fácil de reparar para soportar los largos viajes y las duras condiciones de vida.
Sombreros y tocados
- Hombres: sombreros de fieltro, gorras o boinas de lana para mantener el calor.
- Mujeres: pañuelos, pañuelos de cabeza o bonetes que protegían del viento y la lluvia.
Parte superior
- Hombres: overoles, chaquetas vaqueras, camisas de trabajo o trajes gastados cuando los tenían.
- Mujeres: vestidos de telas resistentes, a menudo hechos en casa o remendados, a veces con capas interiores para mayor abrigo.
Pantalones y faldas
- Hombres: pantalones de trabajo robustos, frecuentemente remendados.
- Mujeres: faldas largas, a veces con enaguas bajo ellas para calor y modestia.
Calzado
- Hombres: botas de trabajo, zapatos resistentes o calzado de vestir gastado.
- Mujeres: zapatos de tacón bajo, botas o botines de goma para la lluvia.
Accesorios
- Hombres: tirantes, cinturones y corbatas desgastadas.
- Mujeres: delantales, chales o cárdigans para proteger del frío.
Abrigos y capas
- Ambos sexos solían llevar abrigos largos o chaquetas, a menudo superpuestos para conservar el calor en climas adversos.
Equipaje
Los migrantes transportaban lo esencial en una maleta, un fardo o una bolsa de tela, guardando sus pocas pertenencias. En algunos casos la vestimenta reflejaba su origen cultural, pero la mayoría se limitaba a lo que podían conseguir o reparar.