La virtud romana de la piedad
En la Roma antigua, la virtud que obligaba a mostrar respeto tanto a los dioses como a la patria se llamaba pietas. No se trataba solo de una conducta personal; la pietas abarcaba también el comportamiento y la actitud de los ciudadanos, los soldados y, sobre todo, del emperador, quien actuaba como sumo sacerdote en nombre del pueblo romano.
Desobedecer esta norma se consideraba una de las faltas más graves, castigada con severidad.