La Guerra Civil Inglesa (1642‑1651) interrumpió las rutas habituales de abastecimiento y obligó a muchos agricultores a abandonar sus campos. La escasez de alimentos provocó hambre y desnutrición, pero la población encontró maneras de subsistir.
Alimentos básicos
- Pan: Pilar de la dieta, elaborado con trigo, cebada o centeno, según la disponibilidad.
- Carne: Cuando era posible, se consumía vacuno, cerdo, cordero y pollo, aunque a menudo se recortaba a pequeñas raciones.
- Verduras: Zanahorias, nabos, cebollas y coles acompañaban las comidas y aportaban algo de fibra.
- Frutas: Manzanas, peras y ciruelas se comían frescas o en conserva cuando el clima lo permitía.
- Lácteos: Leche, mantequilla y quesos locales complementaban la dieta, aunque su consumo disminuyó en los años más duros.
Otros alimentos y bebidas
- Pescado y huevos, cuando estaban disponibles.
- Frutos secos y legumbres como complemento proteico.
- Cerveza, vino y sidra, que también aportaban calorías y alivio al agua a menudo contaminada.
Consecuencias nutricionales
La falta de variedad y la insuficiencia calórica provocaron desnutrición generalizada. Enfermedades como el escorbuto, causada por la carencia de vitamina C, eran comunes.
Resiliencia ante la adversidad
A pesar de las dificultades, la población logró organizar raciones, cultivar huertos familiares y compartir recursos, demostrando la tenacidad del pueblo inglés durante el conflicto.