El taoísmo describe el origen del cosmos mediante una serie de conceptos interrelacionados que explican cómo surge la realidad a partir de la nada.
Wuji (無極)
Wuji significa literalmente “sin límite” o “sin extremo”. Representa el estado primordial antes de que exista cualquier distinción, ya sea entre yin y yang, bien y mal, o cualquier dualidad. Es un vacío perfecto, una condición de pura potencialidad que constituye la fuente de donde emergen todas las cosas.
Taiji (太極)
Taiji, o “gran extremo”, es la primera manifestación de Wuji. Se suele representar con el símbolo del círculo dividido en dos por el yin‑yang. Este símbolo ilustra el equilibrio de los opuestos y la interacción constante entre el yin y el yang.
Yin y Yang (陰陽)
El yin es el principio femenino, oscuro, pasivo y receptivo, asociado con la tierra, el agua, la luna y la noche.
El yang es el principio masculino, luminoso, activo y creativo, ligado al cielo, el fuego, el sol y el día.
Yin y yang no son antagonistas; son fuerzas complementarias que se equilibran mutuamente y nunca pueden existir de forma aislada.
Los Cinco Elementos (五行)
Los cinco elementos – madera, fuego, tierra, metal y agua – son considerados los bloques básicos de la naturaleza. Se encuentran en interacción continua, generándose y controlándose entre sí. Cada elemento también se corresponde con una temporada, una dirección, un color y un órgano del cuerpo humano.
En conjunto, estos conceptos forman la visión taoísta del universo: un proceso dinámico de equilibrio y transformación que parte de la nada absoluta (Wuji) y se despliega a través del movimiento perpetuo del yin y el yang.