Vista aérea de la antigua necrópolis de Narbona en excavación • INRAP/Servicio de Prensa
Narbo Martius (la actual Narbona), colonia romana fundada en el 118 a.C., se convirtió en la capital de la provincia de la Galia Narbonesa, que se extendía desde los Alpes hasta los Pirineos, y en el segundo puerto del Imperio romano en el Mediterráneo occidental, después de Roma. No es exagerado decir que las huellas que dejó en el paisaje son innumerables.
Mil tumbas
Hace un año, arqueólogos del INRAP (Instituto Nacional de Investigación Arqueológica Preventiva) anunciaron el hallazgo de una enorme necrópolis de 2.000 m² en las riberas del canal de la Robine, sobre el antiguo cauce del río Aude, cuyos sedimentos cubrieron y protegieron los restos romanos.
Hoy presentan los primeros resultados de las excavaciones que comenzaron en verano de 2019. La necrópolis, situada a 600 m del límite urbano, alberga alrededor de 1.000 sepulturas y estuvo en uso durante los siglos I y II d.C. Gracias a los epítetos de las estelas, sabemos que la mayoría de los difuntos provenían de la península itálica.
El cementerio funerario está compuesto principalmente por tumbas de cremación, práctica habitual en la época, con depósitos colocados en fosas de distinta profundidad. En ellas se hallaron vasijas, jarras, lámparas y, a veces, frascos de perfume. Los conductos de libación, que conectaban la superficie con el sepulcro, permitían a los vivos ofrecer sus tributos a los muertos.
Para comprender mejor los ritos funerarios, los arqueólogos estudian los vasos óseos que contenían los fragmentos óseos cremados. Estos vasos, “disecados” con herramientas dentales, son muy variados: algunos guardan casi todos los huesos del difunto, otros muy pocos. En ocasiones, la presencia de un trozo de textil indica que los restos estaban envueltos en una tela. La excavación, que cuenta con una importante financiación, sigue en marcha. El futuro museo arqueológico Narbo Via narrará la historia de la antigua Narbona.