La atracción de Ernst Rohm por los Freikorps y las SA
Ernst Rohm se deleitaba en los combates callejeros y la violencia que caracterizaban a los Freikorps y, más tarde, a las SA. Su reputación se construyó sobre actos de extrema brutalidad y sadismo; no dudaba en golpear y torturar a sus adversarios.
Debido a su crueldad, los compañeros le otorgaron el apodo de Der Schläger ("el matón"), que reflejaba su papel como agresor temido dentro de estas organizaciones paramilitares.