La vida de una mujer noble en la Edad Media estaba marcada por una serie de deberes y actividades que combinaban la gestión del hogar, la devoción religiosa y el tiempo libre.
Mañana
- Se levantaba temprano, a menudo antes del amanecer.
- Realizaba sus abluciones matutinas, lavándose la cara y las manos con agua fría.
- Se vestía a sí misma y, si tenía hijos, los vestía también.
- Asistía a misa cuando el horario lo permitía.
- Preparaba el desayuno para ella y para el resto del hogar.
Media mañana
- Supervisaba las tareas domésticas: limpieza, cocina y lavandería.
- Dirigía a los sirvientes, asegurándose de que cumplieran sus encargos.
- Recibía a los visitantes que pudieran haber llegado.
- Administraba las finanzas familiares, pagando cuentas y controlando los ingresos.
Almuerzo y tarde
- Tomaba la comida del mediodía.
- Dedicaba tiempo al bordado, la costura o el tejido, actividades típicas de la aristocracia femenina.
- Redactaba cartas para correspondencia familiar o política.
- Jugaba o socializaba con otras damas, a menudo en juegos de mesa o conversaciones.
- Salía a caminar o realizaba alguna actividad física ligera.
Víspera
- Cenaba con la familia.
- Compartía momentos de ocio: juegos, narración de cuentos o cantos.
- Atendía los quehaceres nocturnos, como acostar a los niños o preparar lo necesario para el día siguiente.
- Se retiraba a descansar, disfrutando de un breve tiempo de tranquilidad antes de dormir.