Introducción
En la Edad Media la tortura era una práctica extendida para obtener confesiones, testimonios y confesiones forzadas. No se trataba de un método aislado, sino de una herramienta institucionalizada en tribunales y en la inquisición.
Uso generalizado hasta el siglo XVII
Durante los siglos XII al XVI la tortura se aplicó en la mayor parte de Europa. Incluso después del Renacimiento, su empleo continuó en los juzgados de la Inquisición y en los tribunales seculares hasta bien entrado el siglo XVII.
Declive durante la Ilustración
Con la llegada de la Ilustración, surgieron ideas más humanitarias y racionales sobre la justicia penal. Filósofos como Voltaire denunciaron públicamente la crueldad de la tortura. En 1763, Voltaire publicó un tratado crítico contra la práctica, impulsando el debate en los círculos intelectuales y políticos.
Fin legal de la tortura en Europa
El impulso ilustrado llevó a reformas legislativas. A finales del siglo XVIII, la mayoría de los estados europeos habían abolido la tortura o limitado su uso a casos extremadamente excepcionales. En Francia, la última sentencia que permitió la tortura se dictó en 1788, poco antes de la Revolución. En 1791, la Asamblea Nacional suprimió oficialmente la tortura como método de interrogatorio.
Así, aunque la tortura fue una constante de la época medieval, su desaparición se consolidó durante el siglo XVIII, bajo la influencia de la razón y los derechos humanos emergentes.