Conquista española del Imperio Azteca
En 1519 Hernán Cortés desembarcó en la costa de México con un pequeño contingente de soldados. Para avanzar, forjó una alianza estratégica con los tlaxcaltecas, pueblo que había sido enemigo histórico de los aztecas.
Gracias al apoyo militar y logístico de los tlaxcaltecas y de otras comunidades indígenas, Cortés marchó hacia la capital azteca, Tenochtitlán. Tras una serie de escaramuzas y el asedio final, la ciudad cayó en 1521, poniendo fin al Imperio Azteca.
Consecuencias para aztecas y aliados
El resultado fue el mismo para ambos bandos: la pérdida de su independencia y la incorporación al dominio español. Durante los siguientes tres siglos, la región quedó bajo el control de la Corona de Castilla.
La conquista provocó una catástrofe demográfica; millones de indígenas murieron a causa de epidemias, la violencia de la guerra y el trabajo forzado. Además, se destruyeron gran parte de las tradiciones culturales y religiosas prehispánicas.
Aunque la mayoría de los pueblos fueron sometidos, algunas comunidades lograron resistir y conservar ciertos rasgos de su identidad, manteniendo viva la memoria de su pasado.