Orígenes de los campos de concentración
Los primeros campos de concentración fueron establecidos por el Imperio Británico durante la Guerra Anglo‑Boer (1900‑1902). Su objetivo era internar y controlar a la población civil desplazada por el conflicto.
Estos campamentos se caracterizaban por condiciones extremadamente duras, hacinamiento y escasez de recursos básicos. La medida respondió a las tácticas de guerrilla de los boers, que dificultaban la acción del ejército británico contra los comandos boers.