En la Primera Guerra Mundial, por primera vez en la historia, se emplearon 49 tanques en la Batalla del Somme el 15 de septiembre de 1916. Estos vehículos blindados con orugas demostraron que era posible cruzar ríos, bosques y terrenos irregulares, anticipando el papel decisivo que tendrían en la Segunda Guerra Mundial.
De las torres de asedio a los primeros vehículos blindados
¿Cómo avanzar bajo fuego enemigo sin exponerse? La respuesta ha perseguido a los estrategas desde la Antigüedad. Los griegos utilizaban enormes torres de asedio llamadas Helepolis, los asirios empleaban plataformas móviles con cubos de agua para apagar incendios y los romanos desplazaban torres con catapultas sobre ruedas. En Asia, los chinos construyeron el Dongwu Che, mientras que los indios y persas utilizaban elefantes de guerra. Leonardo da Vinci incluso dibujó un vehículo de combate sobre ruedas accionado por hombres.
Estos artilugios servían mayormente en asedios, donde la maniobrabilidad era secundaria. Con la Revolución Industrial, la necesidad de un transporte protegido que pudiera desplazarse por campos de batalla se volvió urgente: la aparición del motor de combustión interna y de las orugas abrió la puerta a los verdaderos tanques.
Los tanques para romper la guerra de trincheras
Los británicos fueron los primeros en plantearse un vehículo que combinara orugas, blindaje, torreta y armamento. En 1903, H. G. Wells describió en su relato "The Land Ironclads" unos inmensos blindados capaces de atravesar trincheras. En 1902, las compañías francesas Charron y Girardot‑Voigt construyeron un vehículo blindado con ametralladora Hotchkiss y 7 mm de acero; los austríacos, con Austro‑Daimler, hicieron lo propio en 1904.
El objetivo era claro: proporcionar al infante una herramienta que pudiera cruzar el "no‑man's land", destruir alambre de púas y nidos de ametralladoras, y hacerlo bajo protección. Como señaló el historiador Marc Ferro, era necesario un vehículo "todoterreno que acompañara al ataque de la infantería".
Primeros prototipos de vehículos blindados con orugas
A comienzos del siglo XX surgieron varios proyectos. En 1905, el capitán francés Léon Levavasseur propuso una pieza de artillería autopropulsada con cañón de 75 mm y orugas, proyecto que fue rechazado en 1908. En 1911, el ingeniero austríaco Günther Burstyn y el australiano Lancelot de Mole también presentaron diseños que nunca se construyeron.
Mientras tanto, los británicos desarrollaban el Motor Scout (1898), una cuatriciclo con ametralladora Maxim y ligera protección. En 1915, el ingeniero francés Eugène Brillié, inspirado en los tractores estadounidenses Holt, diseñó el primer verdadero tanque británico: el Little Willie, prototipo de forma rectangular que pronto evolucionó al Mother y, finalmente, al Mark I.
Prototipos franceses
En Francia, el coronel Jean‑Baptiste Estienne impulsó la idea de un vehículo blindado con orugas. Tras varios experimentos (el torpe Boirault, el Frot‑Laffy), el 9 de diciembre 1915 se probó con éxito el Schneider CA1 en Souain. El 31 enero 1916, el general Joffre autorizó la producción de 400 tanques, y en febrero se ordenaron otros 400 del modelo Saint‑Chamond.
Prototipos británicos
En el Reino Unido, el mayor impulso vino del Comité de Landships, creado en febrero de 1915 bajo la dirección de Winston Churchill. Tras varios intentos fallidos (trenes Holt, el "Tritton Trench‑Crosser"), el 3 de diciembre 1915 se probó el Little Willie. Su forma rhomboide, conocida como "Mother", permitió la producción en serie: el 12 febrero 1916 se ordenaron 100 unidades, y en abril se ampliaron a 150.
Para mantener el secreto, los británicos llamaron a sus vehículos "tanques" (como si fueran depósitos de combustible), evitando la designación oficial de "landships".
El primer uso en combate: la Batalla del Somme
El general británico Douglas Haig decidió emplear 60 tanques el 15 de septiembre 1916 en la ofensiva de Flers‑Courcelette, parte de la Batalla del Somme. De los 49 tanques enviados, sólo 21 llegaron a la línea de salida y 12 lograron avanzar. Aun así, el 41.º División británica avanzó más de tres kilómetros gracias a ellos. Los resultados fueron mixtos: los tanques demostraron su capacidad para superar alambre y nidos de ametralladoras, pero quedaron atrapados en el barro y sufrieron importantes bajas.
Los alemanes capturaron varios tanques y empezaron a desarrollar armas antitanque, lo que limitó su efectividad en los meses siguientes.
La batalla de Flers‑Courcelette
Entre el 15 y el 22 de septiembre 1916, 14 tanques británicos apoyaron al XV Corps. Lograron la captura del pueblo de Flers, pero el avance se detuvo antes de lograr la ruptura estratégica esperada. La falta de coordinación entre la artillería y los tanques, sumada al terreno embarrado, redujo su impacto.
Los tanques británicos de 1917: de Mark I a Mark IV
Tras la decepción en la Somme, los británicos mejoraron el blindaje y la ventilación. El modelo Mark IV, introducido en junio 1917, incorporó placas más gruesas y una mejor transmisión de aire. En la ofensiva de Bullecourt (abril 1917) los tanques resultaron vulnerables a la nueva munición alemana, pero las lecciones aprendidas condujeron a ajustes en el diseño.
En la ofensiva de Messines (junio 1917), unos 75 tanques Mark IV apoyaron al ejército de Herbert Plumer. Gracias a una intensa preparación de artillería y a marcadores en el suelo, los blindados pudieron destruir nidos de ametralladoras y facilitar la captura de la cresta de Wytschaete.
La batalla de Cambrai
El 20 de noviembre 1917, el general Julian Byng lanzó la primera gran ofensiva de tanques de la guerra: 476 vehículos Mark IV avanzaron 8 km, logrando una penetración profunda en la línea Hindenburg. La sorpresa táctica y la precisión del fuego de artillería fueron claves. Sin embargo, la falta de reservas y los problemas mecánicos obligaron a los británicos a retirarse a finales de noviembre.
A pesar de la retirada, Cambrai demostró que el uso masivo de tanques podía romper las defensas estáticas y marcó el inicio de la doctrina de guerra mecanizada.
Los tanques franceses
Francia adoptó principalmente los ligeros Renault FT‑17 y los Schneider CA1. Con producción en serie (más de 4 000 unidades), los franceses lograron una presencia significativa en los últimos meses del conflicto. El 18 de julio 1918, los tanques franceses desempeñaron un papel crucial en la segunda contraofensiva de la Marne, facilitando la ruptura de las líneas alemanas.
En la gran ofensiva de agosto 1918, alrededor de 1 500 tanques franceses y 1 500 británicos apoyaron la victoria en la Batalla de Amiens, considerada la mayor batalla de tanques de la Gran Guerra.
Conclusiones
La Primera Guerra Mundial vio nacer y perfeccionarse el tanque, pasando de prototipos experimentales a una fuerza decisiva que cambió la forma de combatir. Aunque los primeros intentos fueron torpes y a menudo infructuosos, la evolución tecnológica y la necesidad de romper la guerra de trincheras impulsaron su desarrollo. Al final del conflicto, más de 6 000 tanques habían sido producidos, sentando las bases de la guerra mecanizada que dominaría la Segunda Guerra Mundial.
Bibliografía
Robin Prior & Trevor Wilson, La Primera Guerra Mundial: 1914‑1918. Autrement, 2001.
Paul Malmassari, Los tanques de la Gran Guerra. Ediciones 14‑18, 2010.
Henri Ortholan, La guerra de los tanques 1916‑1918.