Conquista romana de los territorios celtas
Durante varios siglos, el Imperio romano incorporó la mayor parte de las tierras habitadas por los celtas, entre ellas la Galia (actual Francia) y Britania.
La campaña en la Galia empezó en el 121 a.C., cuando el general romano Cayo Mario derrotó a la tribu de los arvernos. La invasión de Britania se inició en el 43 d.C., bajo el mando del emperador Claudio.
Estrategias empleadas por Roma
Los romanos combinaron tres tácticas principales:
- Fuerza militar: El ejército romano, altamente disciplinado y tecnológicamente avanzado, vencía a los guerreros celtas en campo abierto.
- Alianzas políticas: Se pactaban acuerdos con algunas tribus celtas, lo que permitía dividir a sus enemigos y facilitar la conquista.
- Asimilación cultural: Las élites celtas eran introducidas en la vida romana; se les animaba a adoptar costumbres, leyes y el latín, debilitando la identidad celta.
Consecuencias para los celtas
La ocupación romana supuso la pérdida de la independencia política y una profunda transformación cultural. Muchos aspectos de la tradición celta desaparecieron, aunque gran parte de la población adoptó costumbres romanas, contribuyendo al desarrollo de la civilización occidental.