1. Hogares reales y nobles
Los reyes y reinas contaban con amplias y lujosas habitaciones, decoradas con muebles elegantes, tapices y cortinas. Sus aposentos eran privados y vigilados. Las familias nobles también disponían de dormitorios propios, con camas cómodas, colchas de lana y textiles de calidad.
2. Casas y cabañas de campesinos
Los campesinos dormían en áreas comunales reducidas dentro de sus casas. Por el escaso espacio, las familias se agrupaban para conservar el calor. Usaban esteras de paja o heno en el suelo o simples literas de madera.
3. Comunidades religiosas
Monasterios y conventos tenían dormitorios compartidos para monjes, monjas y frailes. La privacidad era mínima; las camas consistían en colchones de paja o capas delgadas de tela.
4. Peregrinos y mercaderes viajeros
Los peregrinos y comerciantes buscaban refugio en posadas, hospederías o albergues a lo largo de sus rutas. Las condiciones eran básicas: bancos, camas comunes o incluso el suelo.
5. Castillos y mansiones fortificadas
En los castillos, la familia gobernante disfrutaba de cámaras privadas, mientras caballeros, soldados y sirvientes dormían en salones o guardias. Algunas habitaciones se ubicaban en torres para mayor seguridad.
6. Clase mercantil
Los comerciantes y artesanos acomodados podían permitirse camas con almohadas, colchones y colchas de lana. A veces tenían cuartos de invitados, aunque los visitantes a menudo compartían el mismo espacio.
En la Edad Media era habitual acostarse al anochecer, ya que la falta de iluminación artificial obligaba a aprovechar la luz del día y a conservar recursos como las velas.