Una casualidad y mi experiencia en recreaciones militares romanas hicieron que César Solar, director de la productora All 4 Action, me invitara en agosto de 2015 a ser consultor histórico para la filmación de un enfrentamiento entre legionarios y un grupo de rebeldes judíos. No sabía entonces que ese sería el comienzo de la película Risen de Kevin Reynolds, conocida en España como Resucitado. Un contingente de 130 legionarios debía asaltar una muralla de casi dos metros de altura defendida por zelotes, y Solar aún no había encontrado la solución para esa escena, que se rodaría en el desierto de Tabernas (Almería). Se me ocurrió que la mejor alternativa sería una rampa testudo.
La testudo
La testudo, famosa “tortuga” romana, era una formación compacta en la que los legionarios creaban un techo con sus escudos, cubriendo frontalmente y, a veces, también los laterales. Según fuentes textuales, la parte superior de esa "caja" podía inclinarse para formar una rampa desde la que los soldados asaltaran la muralla. El coordinador de las escenas de acción aceptó la idea; elaboré un dossier ilustrado y, más tarde, un storyboard que mostraba las distintas fases del maniobra. Al director le encantó porque combinaba espectacularidad visual con verosimilitud, y le permitía filmar algo nunca visto en el cine.
Mi carrera en Hollywood estaba a punto de comenzar, pero no estaba del todo preparado. Aunque había entrenado a pequeños grupos de recreadores en la testudo, la operación no es sencilla: había que instruir a un gran número de personas en muy poco tiempo y, sobre todo, comprobar si la rampa testudo era realmente factible.
La testudo se utilizaba con fines defensivos y se menciona habitualmente en dos contextos: proteger a los soldados de proyectiles enemigos o acercarse a una muralla durante un asedio. Casio Dión menciona su uso en la campaña de Marco Antonio hacia el 36 a.C., donde el cargamento, la caballería y el personal sin escudo se situaban en el centro de la columna, mientras legionarios y auxiliares formaban la "tortuga" exterior.
El espacio entre legionarios era vital en la táctica romana. Según Polibio, el espacio ideal ocupaba un cuadrado de seis pies romanos (1,8 × 1,8 m). Vegetio, en su tratado militar, establece que cada legionario debía cubrir un frente de tres pies (0,9 m) y que entre filas debía haber una distancia de siete pies (2,1 m). Esa separación permitía lanzar el pilum y combatir con la espada; en una testudo demasiado densa, los soldados no podían luchar ni correr.
Para cubrir los laterales, una columna de legionarios debía intercalarse en cada flanco, lo que dificulta una marcha rápida o una carga. Pasar de testudo a formación abierta (o viceversa) requiere tiempo y supone una gran variación en la densidad del cuadro, con importantes implicaciones prácticas. Por eso, las escenas en las que una legión forma testudo contra una lluvia de proyectiles y, minutos después, se lanza al cuerpo a cuerpo (como en Gladiator de Ridley Scott) son poco realistas.
La testudo era un sustituto improvisado de máquinas de asedio como la vinea, una estructura de madera cubierta con pieles que permitía a los asediadores acercarse a la muralla sin ser alcanzados por proyectiles. La rampa testudo llevaba esa idea un paso más allá, ofreciendo una plataforma para escalar defensas cuando no existían escaleras.
La descripción más detallada proviene de Tito Livio (44.9.6‑10), quien narra la captura de Heraclea (169 a.C.) durante la Tercera Guerra Macedónica: jóvenes romanos “adaptaron juegos de circo a las necesidades de la guerra”. Aunque Livio escribió un siglo y medio después y es considerado poco fiable en cuestiones militares, su relato ofrece una base para la reconstrucción.
Tácito (Anales IV.23) vuelve a mencionar la rampa testudo cuando un ejército batavo intenta tomar un campamento romano, formando una rampa con escudos y usando rudimentarias máquinas de asedio bajo la guía de desertores y prisioneros romanos. El intento fracasó al ser repelido por la artillería romana.
Casio Dión (49.39.3) asegura que el techo creado por los escudos era lo suficientemente sólido como para que un carro lo atravesara. En mi storyboard, sin embargo, desconocía la relevancia de esos pasajes; las únicas representaciones visuales que conocía eran grabados renacentistas y barrocos que mostraban “tortugas” de varios niveles escalando fortificaciones de hasta diez metros.
De la teoría a la práctica
Como ilustrador, siempre he creído que “el papel lo contiene todo”. Las ilustraciones son de gran ayuda en cualquier recreación, pero al trasladar la imagen al mundo real surgen problemas inesperados.
En Almería, capital del spaghetti western, nuestro primer desafío fue hacer que 130 personas, mayormente jóvenes sin entrenamiento militar, parecieran un ejército. Tácticamente, la unidad básica del ejército romano alto era la centuria (80 legionarios). Dos centurias formaban una manípulo; tres manípulos constituían una cohorte de 480 hombres. Con sólo 130 individuos (extras y especialistas incluidos) decidí recrear un manípulo formado por dos centurias reducidas. El plan de asalto a la muralla defendida por zelotes quedó así:
- Las dos centurias avanzan una detrás de la otra.
- Antes de entrar en rango de proyectiles, la segunda centuria atraviesa a la primera por los pasillos creados entre las columnas y, al salir del frente de batalla, la unidad forma la testudo.
- La testudo se desplaza hasta la base de la muralla y crea una rampa.
- La primera centuria escala la rampa y llega a la cima de la muralla.
Joseph Fiennes, protagonista de la película, exigió que su instructor de esgrima romana estuviera presente en los ensayos. Dario Battaglia, fundador del grupo gladiatorio Ars Dimicandi y asesor de la serie Roma de HBO, aportó valiosos conocimientos sobre la organización de los manípulos. El equipo de instrucción incluía al actor Jon Bermúdez (ex‑miembro de los Grupos de Operaciones Especiales), a Joaquín de Diego (asesor histórico de varias recreaciones), y a Miguel Díaz de Espada y Eduardo Calle del Clan del Cuervo. Algunos legionarios de la Brigada II del Rey Alfonso XIII, de vacaciones, se presentaron al casting y colaboraron espontáneamente, integrándose sin problemas en la jerarquía improvisada.
El primer obstáculo surgió por la escasa rigurosidad de las armas y vestimentas de réplica. Los escudos, inspirados en los relieves de la Columna de Trajano, estaban demasiado pequeños para formar una testudo. Se fabricaron en el acto escudos de fibra de vidrio con dimensiones aproximadas a los hallazgos de Dura Europos (1,02 × 0,83 m); ambos modelos aparecen en la película.
Hoy en día, las unidades antidisturbios siguen utilizando formaciones de escudos superpuestos, como se vio en las protestas de la Plaza de la Independencia de Kiev en 2014 o en las manifestaciones de Caracas en 2014. La funcionalidad de la “tortuga” romana es indiscutible, pero la viabilidad de una rampa lo suficientemente estable para que cientos de legionarios en plena armadura la escalen seguía siendo una incógnita.
Aunque el proyecto estuvo dominado por la estética, logramos realizar una auténtica arqueología experimental durante cinco días de ensayos y seis de rodaje, con un número de participantes poco común en el ámbito del reenactment. De la práctica surgieron varias conclusiones:
- La primera fila de escudos debe apoyarse firmemente contra la muralla, pues el resto de filas depende de ella.
- Los legionarios de la última fila deben arrodillarse o sentarse con la espalda apoyada contra sus compañeros para evitar un “escalón” demasiado alto.
- Los escudos, al superponerse como tejas, distribuyen el peso de forma equilibrada; es útil que el escudo tenga dos puntos de apoyo (mano izquierda y derecha, o la cabeza bajo el yelmo).
- Los clavos de las caligae hacían que la superficie fuera resbaladiza, sobre todo en la última fila. La solución fue pisar los umbones (los refuerzos centrales de los escudos).
El scutum romano, rectangular o semicilíndrico, tenía una curvatura similar a una losa. Los legionarios lo sostenían con la cara interna contra el cuerpo, como muestran los relieves del Tropaeum Traiani de Adamclisi (Rumanía) y las imágenes de gladiadores murmillo y secutor. Esa forma permitía que los escudos se “envolvieran” y protegieran el flanco izquierdo. Además, la curvatura y los umbones evitaban deslizamientos laterales y longitudinales, algo que los escudos circulares medievales no logran sin dejar huecos.
La rampa testudo no sirve para murallas de gran altura, pero sí puede ser eficaz contra empalizadas o muros de 2‑3 m. Los campamentos romanos de verano (castra aestiva) contaban con una zanja en forma de V, una terraplén (agger) y una empalizada de ramas (lorica) o estacas (pila muralia). El tratado De munitionibus castrorum de Pseudo‑Higino prescribe un agger de al menos seis pies de altura y una zanja de tres pies de profundidad; esa caída de unos 2,7 m podría superarse con una rampa testudo. Tacito relata que los germanos aprendieron a construirla como complemento de las escaleras.
En los géneros de guerra histórica, la batalla suele mostrarse como una suma de duelos individuales, con soldados que cargan desordenados y sin una verdadera línea de combate. Nuestro objetivo fue demostrar la utilidad de las formaciones y presentar la táctica romana como el factor decisivo que permitió a las legiones vencer con inferioridad numérica. El resultado final, aunque algo empañado por los trajes, habla por sí mismo.