Introducción
Resulta sorprendente que construcciones tan monumentales como las llamadas casas del dragón en la isla griega de Eubea sigan sin una datación clara y con escasos datos históricos.
¿Qué son las casas del dragón?
Se trata de veinte edificios de gran tamaño repartidos por el sur de Eubea, la sexta isla más grande del Mediterráneo, situada frente a la costa este del continente griego. Son construcciones rectangulares basadas en enormes bloques de piedra al estilo ciclópeo, apilados sin mortero. Los intersticios se rellenan con piedras más pequeñas y el techo está formado por losas de gran dimensión, dejando una abertura que permitía la entrada de luz (o la salida de humos de una hoguera, según algunas interpretaciones).

Ubicaciones más conservadas
Los ejemplares mejor conservados son Monte Oque, en el extremo sureste de la isla, a unos seis kilómetros al norte del pueblo costero de Caristo, y los tres situados en Palli‑Lakka, en la zona de las antiguas canteras de mármol del Monte Kliosi.
Origen del nombre
El término casas del dragón no alude a la participación de criaturas mitológicas en su construcción, sino a la tradición local que atribuía poderes sobrehumanos a sus desconocidos constructores, dadas las dimensiones de los bloques.
Hipótesis de datación
Aunque fueron descritas por primera vez a finales del siglo XVIII, su cronología sigue sin estar definida. Algunos especialistas proponen una fecha del siglo VII a.C., considerándolas precursoras de los templos griegos posteriores. Otros las ubican en el periodo helenístico (siglos III‑IV a.C.) como estructuras defensivas.

Historia de su descubrimiento y estudio
El geólogo británico John Hawkins fue quien las descubrió el 21 de octubre de 1797, al ascender el Monte Oque (1 398 m s. n.). Allí realizó bocetos y concluyó que la construcción debía ser anterior a los templos clásicos.
Posteriormente, arqueólogos como Heinrich Ulrichs (1842) y el francés Jules Girard (1852) documentaron las edificaciones, resaltando similitudes con los complejos micénicos de Tirinto y Micenas, especialmente en la configuración del techo. No fue sino hasta 1896, cuando Theodor Wiegand analizó el sitio, que se descartó cualquier vínculo directo con la arquitectura micénica.

En la época contemporánea, los principales trabajos de investigación provienen de los estadounidenses Jean Carpenter y Dan Boyd.
Características constructivas
El edificio de Monte Oque se sitúa a 1 386 m de altitud y mide 12,7 × 7,7 m. Posee una puerta central en la pared sur (2 m de alto por 1 m de ancho) coronada por una enorme lintela de 10 toneladas. Pequeñas ventanas se encuentran a los lados.
Los muros tienen un espesor medio de 1,4 m, suficiente para soportar el pesado techo de piedra, y el interior alcanza una altura de 2,4 m. La superficie total es de 48 m² y el suelo está completamente cubierto por losas de piedra.
Las tres construcciones de Palli‑Lakka son similares en dimensiones, aunque sus muros son ligeramente más delgados (≈1,1 m) y los bloques empleados son más pequeños, lo que les confiere un aspecto más rústico y posiblemente anterior.
Falta de referencias históricas
Los textos antiguos no mencionan estas estructuras; todo lo que se conoce proviene del folklore y las leyendas locales.
Hallazgos arqueológicos
Las excavaciones de 1959 en Monte Oque revelaron fragmentos de cerámica del periodo helenístico y algunas vigas, una de las cuales lleva un breve texto en un alfabeto desconocido. Estos objetos se conservan en el museo arqueológico de Caristo.

Entre 2002 y 2004, investigadores del Departamento de Astrofísica de la Universidad de Atenas estudiaron la orientación del edificio, concluyendo que alineaba con la aparición de Sirio alrededor del 1100 a.C., lo que sugiere una posible función de observatorio astronómico.
Conclusión
Sin investigaciones adicionales, las casas del dragón siguen siendo un enigma para la arqueología. Podrían ser clave para comprender la evolución de la arquitectura griega posterior, o simplemente refugios pastoriles anteriores a la conquista romana.