Investigación arqueológica
Un equipo germano‑tunecino liderado por el arqueólogo de la LMU (Universidad Ludwig Maximilian de Múnich), Stefan Ritter, inspeccionó la antigua ciudad de Meninx, situada al sureste de la isla de Jerba, cerca de la localidad actual de Henchir El Kantara, en Túnez. Gracias a sus estudios se han reconstruido las rutas comerciales del puerto en la antigüedad.
Ubicación estratégica del puerto
El puerto de Meninx estaba excepcionalmente protegido. Los barcos debían atravesar primero un canal submarino profundo y ancho en la bahía poco profunda, y luego seguir otro canal paralelo a la costa que los llevaba a los muelles de madera y piedra que se extendían desde la playa hacia el mar.
Desde esos muelles, los estivadores podían descargar la carga y transportarla a los almacenes cercanos.
Descubrimientos y excavaciones
En el marco de un proyecto financiado por la DFG que finalizó en 2019, Ritter, junto a su colega tunecino Sami Ben Tahar (Institut National du Patrimoine) y un equipo binacional, estudió los restos de Meninx y sus instalaciones portuarias.
Con sondas magnetométricas mapearon la disposición de la ciudad, cuyas calles principales corrían paralelas a la costa. Las excavaciones revelaron templos, santuarios, edificios comerciales y residenciales, y, entre ellos, una casa de baños privada del período imperial romano con mosaicos, pinturas murales y varias estatuas.
Economía basada en el tinte púrpura
Los investigadores concluyen que la prosperidad de Meninx dependía en gran medida de la producción de un tinte púrpura obtenido del caracol marino Murex trunculus. “Creemos que el tinte se utilizaba localmente para colorear textiles, que luego se exportaban”, afirma Ritter. El producto, muy apreciado, se distribuía por todo el Mediterráneo y más allá.
A cambio, la ciudad importaba alimentos, vino, cerámica fina y mármol de Italia, España, Grecia, Asia Menor y Egipto.
Historia y auge de la ciudad
Fundada en el siglo IV a.C. bajo dominio cartaginés, Meninx alcanzó su apogeo entre los siglos I y III d.C., cuando el Imperio Romano estaba en su máximo esplendor. En esa época contaba con teatro propio y otras imponentes estructuras urbanas.
Protección natural y acceso controlado
Su ubicación en una bahía poco profunda la protegía de ataques, aunque el acceso al puerto requería la guía de pilotos locales para navegar los canales submarinos.
Investigaciones submarinas realizadas por la Sociedad Bávara de Arqueología Subacuática descubrieron restos de los muelles originales, varios naufragios y evidencias del difícil paso a los embarcaderos.
Próximos pasos
Los arqueólogos de la LMU, junto a sus colegas tunecinos, planean ampliar los estudios en Jerba dentro de un proyecto comparativo más amplio del patrimonio antiguo de la región.