Descubrimientos arqueológicos

Un manuscrito egipcio milenario arroja nuevos datos sobre la momificación

Un papiro médico de 3.500 años de antigüedad, recientemente editado por la egiptóloga de la Universidad de Copenhague Sofie Schiødt, ha permitido reconstruir con detalle el proceso de embalsamado que utilizaban los antiguos egipcios para preparar a los difuntos para la vida después de la muerte. Es el manual de momificación más antiguo jamás hallado.

En el Egipto antiguo, el embalsamado era considerado un arte sagrado y su conocimiento estaba reservado a unos pocos especialistas. La mayoría de los secretos se transmitían oralmente, por lo que la evidencia escrita es escasa; hasta hace poco sólo se conocían dos textos sobre momificación.

Por eso, el hallazgo de un breve manual dentro de un tratado médico centrado en hierbas y afecciones cutáneas sorprendió a los egiptólogos. El texto funciona como una hoja de referencia para expertos, indicando recetas de ungüentos y tipos de vendajes. Procesos más simples, como el secado con natrón, fueron omitidos.

Un manuscrito egipcio milenario arroja nuevos datos sobre la momificación

El manuscrito incluye descripciones que no aparecen en los dos manuales posteriores y son extremadamente precisas. Según Schiødt, una de las aportaciones más interesantes es la técnica para embalsamar la cara: una mezcla aromática a base de sustancias vegetales y aglutinantes se cocina hasta formar un líquido que se impregna en una pieza de lino rojo. Ese lino se envuelve alrededor del rostro, creando un capullo protector con propiedades antibacterianas y aromáticas. El proceso se repetía cada cuatro días.

Aunque antes no se había identificado, se han estudiado varias momias de la misma época cuyas caras estaban cubiertas con tela y resina, lo que concuerda con la descripción del lino rojo.

El número cuatro, clave del ritual

El manual indica que el proceso se divide en intervalos de cuatro días, durante los cuales los embalsamadores trabajaban activamente en el cuerpo. Cada intervalo estaba marcado por una procesión ritual que celebraba el avance de la restauración corporal, sumando un total de 17 procesiones a lo largo del período de embalsamado. Entre los intervalos, el cuerpo se cubría con telas y paja impregnada de sustancias aromáticas para alejar insectos y carroñeros.

El papiro Louvre‑Carlsberg

El manuscrito, conocido como el papiro Louvre‑Carlsberg, recibe su nombre porque la mitad pertenece al Museo del Louvre y la otra a la colección Carlsberg de la Universidad de Copenhague. Originalmente pertenecía a dos coleccionistas privados y aún faltan varias secciones. La paleografía sitúa al documento, de seis metros de longitud, alrededor del 1450 a.C., más de mil años antes de los otros dos textos de embalsamado conocidos.

Un manuscrito egipcio milenario arroja nuevos datos sobre la momificación

El papiro, el segundo más extenso de textos médicos egipcios que se conserva, se centra principalmente en la medicina herbal y las enfermedades cutáneas. Contiene el tratado más antiguo sobre hierbas, describiendo su aspecto, hábitat, usos y significado religioso, así como un extenso análisis de inflamaciones de la piel, consideradas dolencias enviadas por el dios lunar Khonsu.

Su publicación está prevista para 2022 en colaboración con el Louvre y la Colección Carlsberg de papiros.

El proceso de embalsamado

Según el papiro, el embalsamado se realizaba en un taller construido cerca de la tumba y se prolongaba 70 días, divididos en dos fases de 35 días cada una: una de secado y otra de vendado.

Durante los primeros 35 días, el cuerpo se trataba con natrón seco tanto por dentro como por fuera. El uso de natrón comenzaba al cuarto día, después de la purificación del cuerpo, la extracción de órganos y cerebro, y el cierre de los ojos.

Los siguientes 35 días se dedicaban al vendado del difunto con vendas impregnadas de sustancias aromáticas. La técnica de embalsamado facial descrita en el papiro pertenece a esta segunda fase.

Todo el proceso se estructuraba en intervalos de cuatro días; la momia quedaba terminada el día 68 y se colocaba en el ataúd, mientras que los últimos dos días se destinaban a actividades rituales que aseguraban la continuidad de la vida del difunto en el más allá.