Historia del puerto
La isla de Egina, situada en el Golfo Sarónico a unos 20 km de El Pireo, es hoy un destino turístico al que se llega en menos de una hora en ferry desde Atenas. Sin embargo, durante la mayor parte de la Antigüedad los eginitas fueron acérrimos enemigos de los atenienses, sus vecinos y rivales en el comercio marítimo.
Para protegerse de incursiones extranjeras, Egina, que contaba con la primera armada de Grecia, construyó un magnífico puerto militar, único en el Mediterráneo de su época. Sus ruinas hoy se encuentran semisumergidas al pie de la acrópolis, junto al yacimiento arqueológico de Kolona, en la playa de Avra.
Buceo entre los restos
Desde hace décadas los turistas practican buceo en la playa de Avra, explorando los restos del antiguo puerto. El geógrafo e historiador griego Pausanias, que escribió en el siglo II d.C., lo describió como el puerto secreto o puerto oculto (kryptos limen).

El adjetivo “secreto” se debe a que solo los locales conocían su existencia y sabían cómo acceder a él. Para protegerlo, se instaló un sistema de arrecifes artificiales que dificultaba la navegación y resultaba peligroso para los barcos enemigos o para quien desconocía su presencia.

Pausanias atribuía ese sistema a Eaco, el legendario primer rey de Egina, que habría arrojado piedras al mar. Los arqueólogos confirman que esos bloques no son naturales, sino construidos por el hombre.
Defensas artificiales
Según Despina Koutsoumba, arqueóloga del Departamento de Antigüedades Subacuáticas del Ministerio de Cultura, “con el tiempo esas piedras medianas se fusionaron y hoy parecen rocas macizas”. Incluso hoy los barcos que intentan entrar al puerto deben rodear este obstáculo.

Dos torres que bloqueaban la entrada, vinculadas por una gran cadena, sobresalen ligeramente del agua, al igual que los cobertizos donde se guardaban las trirremes.
Participación en la batalla de Salamina
Egina aportó 30 navíos a la batalla de Salamina contra los persas, reforzando la poderosa flota ateniense. Sin embargo, la rivalidad entre eginitas y atenienses era tal que, según Heródoto, tuvieron que pactar la paz para enfrentar al enemigo común.
Caída y retorno
En 458 a.C., los atenienses destruyeron Egina, aliada de Esparta, obligándola a entregar sus barcos y desmantelar sus murallas. En 431 a.C. la población fue expulsada y reemplazada por colonos atenienses. Los eginitas se refugiaron en Tirea, bajo protección espartana, y sólo pudieron regresar tras la derrota ateniense en la batalla de Egospótamos (405 a.C.).

Estado actual del sitio
Los arqueólogos que trabajan en el antiguo puerto confirman que los restos son visibles desde la superficie, a dos o tres metros de profundidad, en aguas poco profundas. Los buceadores pueden observar las dos torres con su cadena, los cobertizos y los arrecifes artificiales que se extienden hasta unos 500 m de la playa, sumergidos a unos 9 m de profundidad.