Contexto histórico
En la Edad del Bronce Media, hace unos 3.600 años (aproximadamente 1650 a.C.), la ciudad de Tall el‑Hammam prosperaba en una colina del sur del Valle del Jordán, al noreste del Mar Muerto. En su época fue la mayor urbe habitada de forma continua en el Levante meridional, superando a Jerusalén por diez veces y a Jericó por cinco.
Este es un área de enorme valor cultural, afirma James Kennett, profesor emérito de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Santa Bárbara. Gran parte de la complejidad cultural temprana de la humanidad se desarrolló en esta zona.
Descubrimientos arqueológicos
El túmulo, frecuentado por arqueólogos y amantes de la historia, conserva restos que abarcan desde el Calcolítico (Edad del Cobre) hasta capas de destrucción y reconstrucción a lo largo de milenios.

En la capa del Bronce Medio II, de unos 1,5 m de espesor, los investigadores hallaron materiales extraordinariamente inusuales: fragmentos de cerámica con la superficie exterior fundida en vidrio, ladrillos de barro que burbujeaban y material de construcción parcialmente fundido, indicios de temperaturas mucho más altas de lo que la tecnología de la época podía generar.
Detectamos temperaturas superiores a los 2.000 °C, explica Kennett. Su grupo ya había propuesto una explosión cósmica anterior, de hace unos 12.800 años, que habría provocado incendios generalizados, cambios climáticos y extinciones animales. Los materiales carbonizados y fundidos de Tall el‑Hammam le resultaron familiares, por lo que, junto al científico de impactos Allen West y al estudioso bíblico Philip J. Silvia, analizaron lo ocurrido hace 3.650 años. Los resultados aparecen en la revista Nature Scientific Reports.
Indicios de una explosión aérea
Según Kennett, el fenómeno se asemeja al evento de Tunguska (1908), una explosión aérea de aproximadamente 12 megatoneladas que destruyó una vasta zona de la taiga siberiana.
El estallido habría aplanado Tall el‑Hammam, derribando el palacio, los muros y las construcciones de barro. Los restos óseos muestran una desarticulación extrema y fragmentación de esqueletos humanos cercanos.

Los análisis de suelos y sedimentos revelaron diminutas esferillas ricas en hierro y sílice, metales fundidos y, sobre todo, cuarzo de impacto: granos de arena con grietas que solo se forman bajo presiones gigantescas. “El cuarzo es uno de los minerales más duros; su presencia indica presiones increíbles”, comenta Kennett.
Otro hallazgo notable es la alta concentración de sal en la capa de destrucción: un promedio del 4 % en el sedimento y hasta un 25 % en muestras puntuales. La sal habría sido expulsada por las presiones del impacto, posiblemente al fragmentarse el meteorito sobre la atmósfera y al tocar, en parte, el Mar Muerto, cuya salinidad es extremadamente alta. Así, los cristales salinos se habrían esparcido no solo en Tall el‑Hammam, sino también en sitios cercanos como Tell es‑Sultan (posible Jericó bíblico) y Tall‑Nimrin, ambos también devastados en la misma época.
Consecuencias a largo plazo
Los suelos hipersalinos podrían explicar la llamada brecha del Final de la Edad del Bronce, durante la cual las ciudades del bajo Valle del Jordán fueron abandonadas y la población cayó de decenas de miles a unos pocos cientos de nómadas. La tierra, antaño fértil, quedó incapaz de sustentar cultivos, obligando a la gente a emigrar durante siglos. Aproximadamente 600 años después, en la Edad del Hierro, se observan indicios de repoblación en Tall el‑Hammam y sus alrededores.
Posibles vínculos bíblicos
Tall el‑Hammam ha sido propuesto como la posible Sodoma bíblica, una de las dos ciudades del Génesis destruidas por Dios por su maldad. Según el relato, Lot escapó con la ayuda de ángeles, mientras su esposa se convirtió en una columna de sal al mirar atrás. El fuego y azufre que cayeron del cielo, el humo denso y la devastación de cultivos coinciden con la descripción de un impacto cósmico.
Todas las observaciones del Génesis son compatibles con una explosión aérea, afirma Kennett, aunque no hay prueba científica definitiva de que la ciudad destruida sea la Sodoma histórica. Sin embargo, los investigadores sugieren que la catástrofe pudo haber generado una tradición oral que inspiró tanto el relato del Génesis como la historia de la quema de Jericó en el Libro de Josué.